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Opiniones de hoy

La diplomacia y sus procesos (III)

opinion

Los altos salarios de los diplomáticos contrastan con las grandes necesidades del pueblo en salud y educación.

 

La dinámica de la diplomacia cambió con el fin de la Guerra Fría y tendió puentes al mundo mientras declinó el papel de los Estados al surgir más actores en las relaciones internacionales (grandes empresas, religiones, emigrantes, medios, ONG’s y entes de la sociedad civil). Los Estados ensayaron cambiar al igual que sus Cancillerías para adecuarse mejor a esa diplomacia global. Sus Academias diplomáticas dieron un giro pero en Guatemala no, porque es el único país del continente sin Academia.

Nuestro proceso de paz, empero, dinamizó al buen personal de planta de Cancillería y las Embajadas ante la ONU en Nueva York, Ginebra y Viena. Pero no en el servicio exterior bilateral, donde siguió el viejo sistema con diplomáticos anquilosados y privilegiados, designados por tráfico de influencias de financistas de campañas, políticos de turno, jerarcas militares e incluso delincuentes, mientras tres familias enlazadas con la elite económica y militar siguieron controlando buena parte del servicio exterior. Es una corruptela solapada de una cancillería feudal en un Estado corrupto, que ha continuado reproduciendo las relaciones de poder de antaño, como sucede en buena parte del resto del sector público.

La invención de la “carrera diplomática” fue para asegurar sus cargos, en especial a la mayoría que carece de título profesional y a los que tienen más de diez y quince, veinte años de estar fuera del país, calentando sus escritorios con un buen salario, bajo la protección de aquellos intereses.

Se han dado casos de embajadores que en lugar de residir en su país sede se quedaban acá, o un argentino que fue nuestro embajador en Uruguay, o un publicista sin título o técnico dental que lo fue en Washington. Hay médicos, agrónomos, dentistas, comerciantes, secretarias… La diplomacia con esa carga feudal ha sido poco exitosa y Guatemala no ha podido asumir un liderazgo regional ni aprovechar del mundo global. Pero Cancillería gasta más en abrir nuevas embajadas innecesarias en lugar de abrir más consulados en EE. UU. como exigen los migrantes, con abogados al frente, o al mantener la inoperante y costosa embajada nuestra ante la OMC en Ginebra. Los altos salarios de los diplomáticos contrastan con las grandes necesidades del pueblo en salud y educación siendo un despilfarro más que debe terminar. La mayoría de diplomáticos no llena el perfil mínimo de tener conocimiento de finanzas, comercio, cultura, derecho internacional, ciencia militar. La mayoría son de escritorio y cóctel.

Ahora el canciller y el ministro de la Defensa dejados por Pérez-Baldetti forman una facción de poder dentro del actual gobierno, según Phillipe Chicola. De ahí su hostilidad a la fecha contra la ONU, la CICIG y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con el servilismo de tres cancilleres al hilo, al que se ha agregado al embajador Todd en esa lista del actual. La fallida negociación con Belice se debe al descuido de los derechos de Guatemala y su análisis ameritaría un libro trágico. El general Letona, canciller de facto de Pérez Molina, lo sabe, como los cancilleres anteriores. El canciller Morales le era leal a Letona y a Baldetti y por eso quedó en el cargo con el apoyo castrense de siempre y de un gran empresario. En 2015 Morales viajó la mitad del año con viáticos de un millón doscientos mil quetzales, y su Directora General con medio millón de quetzales sin justificación. El servicio exterior sigue sin norte y nuestros emigrantes ya fruncieron el ceño.

La globalización ha llegado a muchos países pero no al nuestro ni a Cancillería. El presidente Morales llamó al cambio el miércoles pero en cotos feudales como el indicado el esfuerzo será mayor. Tiene su responsabilidad el sector privado por tal descuido porque podría potenciar el comercio exterior con un plan integral y una dinámica de cambios en el servicio exterior. Urge un seminario por una diplomacia activa hacia la paz, la cooperación, el mercadeo de nuestros productos y atracción de inversiones, pragmática en la defensa del interés nacional.

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