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Opiniones de hoy

18 de julio de 1949

opinion

El día en que fue asesinada la Revolución de Octubre.

 

A partir de ese momento, 18 de julio de 1949, la Revolución del 20 de Octubre de 1944, dejó de ser una revolución plural y –ya usurpada– fue sustituida por otra que sesgó su fines, “revolución” esta, la sesgada, que no fue sino una patética caricatura de aquella otra revolución plural, asesinada.

El asesinato –el irrespeto por la vida (quien no respeta una vida, no respeta ninguna)– quedó perpetrado en el puente de La Gloria, asesinado uno de los triunviros de la Revolución de Octubre, Francisco Javier Arana y, con su asesinato, la revolución misma puesto que, con su muerte, se hizo imposible ya plural, crimen que vino a franquear el acceso al poder de otro de los triunviros, comunistoide y, después, miembro del Partido Comunista, Jacobo Árbenz Guzmán, casateniente y latifundista, categorías a las que logró llegar, por cierto, cuando ya en el ejecicio del poder.

Los asesinos, para justificar el crimen se inventaron la patraña de que no habían querido asesinarle sino ejecutar una orden de captura en contra suya, orden de captura que jamás fue impartida por tribunal alguno: orden de captura que nunca existió.

También mintieron en cuanto a que habría sido destituido del cargo de jefe de las Fuerzas Armadas, destitución jamás acaecida y , de igual forma, en cuanto a un supuesto ultimátum que habría presentado esa mañana al presidente Arévalo, ultimátum desmentido por el propio exmandatario en su libro Despacho Presidencial, libro publicado, como él mismo lo ordenara hasta después de su muerte, el momento de la verdad.

Hoy 19 de julio de 2016, hace 67 años, quien fuera triunviro de la revolución y cantado sucesor presidencial en las elecciones que habrían de celebrarse un año después no era ya sino despojos. Su viuda y sus hijas hubieron de dejar Guatemala y no volvieron nunca más, habiendo sufrido, en México, limitaciones múltiples: aquel esposo y padre, un verdadero revolucionario, nunca se hizo de bienes como aquellos de Pomona o el Cajón.

Hoy 19 de julio de 2016, 67 años después, no puedo sino pedir –exigir– que se haga justicia: los descendientes de Francisco Javier Arana, si los hay, deben ser indemnizados, incapaz que fue el Estado de perseguir y castigar a sus asesinos, por demás confesos, si bien tratando de justificar su crimen con las mentiras citadas, el propio ministro de la Defensa, Jacobo Árbenz Guzmán –desde el Filón– controló la eficiente ejecución del delito a perpetrarse, a decir suyo, no un asesinato sino tan solo una detención ilegal o secuestro: la ejecución de una orden de captura inexistente, al igual que el asesinato, también delito.

Sea porque se le quiso asesinar o porque se le quiso capturar ilegalmente –funcionarios del Estado de por medio– debe darse la necesaria indemnización a sus descendientes, incompetente además el Estado, reitero, para perseguir y castigar a los autores del crimen

perpetrado.

¿Por qué habría de importar el asesinato de Francisco Javier Arana, si se trató de uno solo?

En el caso de la quema de la Embajada de España, incapaces de poner un precio a las vidas de sus seres queridos, los familiares de las víctimas guatemaltecas en nada han sido indemnizados, como tampoco los familiares de Francisco Javier Arana, quienes tampoco lo han pedido.

Se indemnizó a la familia de Jacobo Árbenz Guzmán por los bienes que le fueron confiscados por el Estado, bienes de los que se hizo –reitero– cuando ya en el ejercicio del poder, pero no se indemniza a los familiares de Francisco Javier Arana por el asesinato perpetrado.

Al cerrar esta columna, me permito emplazar –una vez más– a todos aquellos que han mentido y sostenido la mentira para que nos pongan a la vista la orden de captura inexistente, así como la inexistente destitución de Francisco Javier Arana –emplazamientos– lo comprendo –que resultan imposibles de satisfacer puesto que ninguna de las dos existió nunca: ni destitución, ni orden de captura.

Y concluyo: Los sucesos de 1954 jamás hubieran ocurrido si no se hubiera dado el asesinato del puente de La Gloria siendo el caso que no fue 1954 lo que terminó con la Revolución del 20 de Octubre sino el asesinato de Francisco Javier Arana, asesinato perpetrado el lunes 18 de julio de 1949.

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