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Opiniones de hoy

¿1949 o 1954?

opinion

El asesinato de Francisco Javier Arana, terminó, en 1949, con la Revolución de Octubre.

Quienes le asesinaron también asesinaron, –con el crimen perpetrado– la Revolución del 20 de Octubre de 1944, ya imposible con su muerte.

A partir de entonces –18 de julio de 1949– irrespetada la vida del ser humano, un irrespeto que, además, estuvo cuajado de mentiras, (irrespetada una vida, se irrespetan todas: ¿Llegaremos alguna vez a comprenderlo?) la revolución que era plural dejó de serlo y tomó su lugar una trágica caricatura de sí misma.

Con el asesinato de Francisco Javier Arana se zanjó también, inevitable paradoja, el principió del fin de la otra “revolución”, la sesgada que iniciaron con su sangre.

Para mayor escarnio, además de asesinarle, sus propios asesinos se inventaron la mentira –increíble mentira– de que lo que querían era solo capturarle, inexistente jamás orden de captura en contra suya y que –además– se le había destituido del cargo de Jefe de las Fuerzas Armadas, destitución jamás acaecida.

Ya emplacé una vez –y lo hago nuevamente– a aquellos que sostienen que existía tal orden de captura para que la pongan a la vista, así como también los emplacé, –y emplazo– para que pongan a la vista su destitución, jamás acaecida y, finalmente, para que prueben que, esa mañana, Francisco Javier Arana habría hecho un ultimátum al presidente Arévalo, especie desmentida por el propio presidente quien narra en su libro, Despacho Presidencial, la reunión tenida.

Afirmé, –y afirmo– que mienten todos aquellos que sostienen que el Congreso de la República habría destituido a Francisco Javier Arana, lo que habría ocurrido en la mañana de ese 18 de julio y afirmé –y afirmo– que también mienten
–reitero– quienes dicen que se habría librado una orden de captura en contra suya y que sus asesinos tan solo querían capturarle, así como lo del ultimátum, por demás inexistente.

A partir del asesinato de Francisco Javier Arana se produjo la grave escisión que aún vivimos –acabada con él la revolución plural y sustituida– por usurpación
–la de la toma del poder con un sesgo autoritario, comunistoide el futuro Presidente– después miembro del Partido –y entregado a sus miembros–, los que guiaron sus pasos, para fortuna nuestra, con torpeza.

“¡Qué trágica utopía!”

Nada dice el presidente Arévalo, en Despacho Presidencial de la supuesta orden de captura. ¿Cómo hubiera podido hablar de esta, si jamás la hubo? como tampoco dice nada de la “destitución”, ¿Cómo hubiera podido citarla, si jamás habida?

Cuando Paz Tejada, oficial de su total confianza, se despidió de Jacobo Árbenz la noche del sábado 16 de octubre, nada le dijo este de la supuesta orden de captura ni de la supuesta destitución por parte del Congreso –tal y como no tuvo noticia el presidente Arévalo ni de una, ni de otra–, lo que hace evidente que jamás las hubo.

Tampoco se enteró a Paz Tejada ni a Arévalo el operativo que se montaría sobre el puente de La Gloria –lugar del asesinato de Arana– dada una razón muy fácil de entenderse ni uno ni otro eran asesinos. Ambos, por cierto, en sus respectivos libros, desmienten conspiración alguna por parte de Arana, el primero, dando fe, incluso, de su defensa de la Revolución, el orden constituido y, el segundo, de que quienes querían calentarle la cabeza fracasaban, coincidentes ambos en que Francisco Javier Arana aspiraba a la Presidencia de la República, fiel a la Revolución de Octubre, por la vía electoral.

Si Francisco Javier Arana no hubiera sido asesinado, la revolución plural, la del 20 de octubre de 1944 hubiera continuado –ya imposible con su muerte– y 1954 jamás se hubiera producido.

Los cuatro puntos del plan de Gobierno del presidente Árbenz surgen de un estudio ordenado por el presidente Arévalo y capitaneado por un ciudadano canadiense, puntos que en otras manos –especialmente el cuarto– hubiera tenido la ejecución plural y no sesgada que tuviera, atropellado el Estado de Derecho.

El asesinato de 1949 y el atropello del Estado de Derecho, destituida la Corte Suprema de Justicia, determinaron lo ocurrido en 1954 –la Revolución– la del 20 de octubre de 1944 –ya sepultada para entonces: sepultada en el puente de La Gloria desde el lunes 18 de julio de 1949.

La viuda y las hijas de Francisco Javier Arana tuvieron que dejar Guatemala y no volvieron nunca y va llegando la hora de que se haga justicia y que, sean quienes sean sus descendientes ¡No hay indemnización que fuera suficiente! sean indemnizados por el crimen perpetrado, incapaz el Estado de perseguir a sus asesinos y de castigarles, máxime cuando como en el caso de Arana, jamás se hizo de ningún chalet en la zona 10 –a lo Pomona– ni de ningún latifundio en la Costa Sur –como el Cajón, pundonoroso militar que cumplió con su deber y que ¡Vaya si hubo diferencia! no se hizo rico a la sombra del poder.

Hago historia “no para revivir viejas guerras” (la cita es de Charles Flanagan) “sino para evitar que se repitan”.

Quien no respeta una vida, ninguna respeta.

¿Ni tan siquiera ahora somos capaces de entenderlo?

18 de julio de 2016, a 67 años de su muerte. Amén.

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