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Opiniones de hoy

Imagínese

opinion

Lo que sería activar esa misma maquinaria.

La efervescencia en materia de justicia es sorprendente. Hemos llegado más lejos de lo pensable. Al colmo que la misma Constitución de la República abre sus brazos para ser reformada en ese campo. Procesos liderados por los tres organismos del Estado, que han metido las manos para lucir su voluntad de lograr cambios sustantivos. Sin duda, acciones primordiales para un juego democrático más limpio. Entusiasma la participación ciudadana a través de las mesas de diálogo donde, según informan, surgen propuestas muy interesantes. El intenso acompañamiento de algunos medios es evidente: tema nuestro de cada día, dándole seguimiento a todas las acciones que se van desarrollando en torno a ese magno pilar.

¡Imagínense que este esfuerzo fuera contagioso, que despertara pasiones en otros ámbitos! O sea, ¿imagina lo que sería activar esa misma maquinaria, ese mismo modelo de fuerza para transformar la educación? Si todos los políticos, si la ciudadanía organizada se involucrara en mejorar la educación de nuestro país, por ejemplo, otro gallo cantaría. Una reforma educativa con la participación de todos los pueblos, con lluvias de ideas bien canalizadas, con necesidades puestas sobre la mesa, con pactos para renovar lo que ya está obsoleto. Pulir leyes, fiscalizar gastos, mejorar administraciones, profesionalizar. Sí, un pacto nacional por la educación.

En Guatemala es una tragedia invisible. Está ahí, es piel, agoniza y no nos damos cuenta. El presidente llega a una escuela a contar sus recurrentes moralejas; a aplaudir a los militares que buenamente están haciendo escritorios; a celebrar la oratoria de su vocero presidencial, quien efusivamente declama un poema con afables ademanes. ¿Caridad? Y pasan los meses, y se adentra un año escolar más. Y los resultados catastróficos se repiten de nuevo. Más niños y jóvenes fuera, más deserción, mayor repitencia. Escuelas “multigrado” abandonadas, sin herramientas concretas para responder con la mínima calidad. No hay metodologías novedosas para hacerle frente a un país plural como el nuestro. Pocos superan las pruebas. La continuidad educativa truncada y selectiva solo para quienes pueden pagar (aunque en muchos casos eso no signifique garantía). La educación se ha convertido en un asunto de mercado. En un producto que le despierta antojos a los privatizadores.

Si los esfuerzos que hoy se aglutinan en materia de justicia fueran contagiosos, definitivamente otro gallo cantaría.

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