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Opiniones de hoy

¿Tolerar la intolerancia?

opinion

Una decisión de los medios de comunicación, que es incorrecta.      

En varias ocasiones me pregunté cuál podría ser la razón por la cual no era capaz –elPeriódico– de hacer cumplir las normas por él mismo establecidas en lo referente a los blogs (cajas de resonancia) que se publican a continuación de sus columnas, normas mínimas, sensatas y sencillas que me parecían muy fáciles de cumplir y –si incumplidas– de hacer que se cumplieran.

¿Alguna similitud, con el Estado de Derecho?

Si las normas establecen que no se insulte y si exigen que los comentarios se refieran al tema que se trate ¿Qué podría costar que la persona que se encargue de fiscalizar su cumplimiento se abstuviese de publicar cuanto lo infringe y –es más– que respondiera a sus autores señalándoles las infracciones incurridas para que las eliminen de su envío (Una importante labor educativa).

Nada hace más cínicos a los pueblos que el impune incumplimiento de las leyes –es decir– que se incumplan las leyes, sin persecución y sin castigo.

¿impunidad?

A Juan Luis Font, cuando director de elPeriódico, se lo expliqué –varias veces– en estos sencillos términos: Si un medio periodístico no es capaz de establecer –en sus propias páginas– un Estado de Derecho –el estricto cumplimiento de sus normas (algo tan fácil)– ¿Qué solvencia podría tener para exigirlo, en ámbitos distintos?

Si incapaz, en algo tan pequeño ¿Cómo pretenderlo en lo más amplio?

Si ni siquiera se puede dirigir un medio –con sujeción a sus normas– ¿con qué solvencia pretenderlo en el Estado?

¿Cuál la solvencia para abordar los temas nacionales?

Cansado de ver la incapacidad habida para hacer cumplir sus propias normas expliqué al entonces Director que, a mi parecer, era preciso eliminarlas puesto que, reitero, nada hace tanto daño a las sociedades como la existencia de normas que se saben incumplidas.

¿Para qué la ley, si no se cumple?

Reiterada por su parte la decisión de preservar las leyes que regían –y que aún rigen– estos blogs pero reiterada –también– su incapacidad de cumplirlas, pedí a Font que se dejara plena “libertad” en el específico blog que seguía a mis columnas de tal forma que, en este, no existiera norma alguna, petición que hice con el propósito de responder a los “blogistas” –infractores– con su misma e, incluso, –superada medicina– forma en que quizá aprendieran a su adecuado uso que bien sabido es que, para insultar, no se requiere ciencia alguna.

De la forma más fría, pues, con ánimo didáctico, el Diccionario Secreto de Camilo José Cela, en mis manos, me di a la tarea de aplicar un ojo por ojo y diente por diente –mejorado, y con creces– pero que, al final de cuentas, no fue capaz de lograr su propósito, eminentemente educativo.

Quien combate el delito, con delitos, se hace –igualmente– delincuente.

Hoy, las normas se cumplen en el blog de mi columna –¡Lo logró elPeriódico!– porque ningún blog las sigue ahora, siendo la gran perdedora la enriquecedora polémica que pudo haber habido y que sería tan deseable que la hubiera.

Hubieron de sufrir las consecuencias los blogueros, por demás interesantes
–incumplidas las normas– excluidos al igual que los patanes.

Los blogs han mejorado desde que Rodolfo Móvil asumió la dirección de elPeriódico –como lo ha hecho el propio medio– más ajustados estos a las normas que los rigen pero, lamentablemente, en perjuicio de la discusión y de la sana confrontación de las ideas, aún se dan las infracciones.

Siempre preocupado por el tema y porque no se logre que se eleve entre nosotros la calidad de la polémica –polémica que tanta falta nos ha hecho a lo largo de toda nuestra historia– se me dio la explicación que explica , finalmente, lo que creí la incapacidad de elPeriódico para hacer cumplir sus propias normas, siendo el caso que no existe tal incapacidad sino el deliberado propósito de publicarlo todo y de dejar pasar las infracciones como un ejemplo de su tolerancia, incluso ante el insulto.

Bien dice la sentencia popular que el camino del infierno se encuentra empedrado de buenas intenciones y buena intención es este ejemplo de tolerancia que ha querido dar elPeriódico pero que, lo que logra, no es sino el fomento de la intolerancia de aquellos que infringen las leyes de los blogs y que se enseñorean de los mismos.

La tolerancia no se ha hecho más que un auténtico tributo al insulto y la insolencia –un sucumbir– absolutamente derrotada –ante la intolerancia de los otros y, además, fomentando que persista.

Nadie me lo pide pero una vez más va mi consejo: Si las normas no se cumplen, mejor no tenerlas y sea cual sea la razón para tolerar su incumplimiento
–por noble que parezca– no hace sino estimular la cultura nacional que tanto daño nos ha hecho, la del incumplimiento de las leyes y la del empoderamiento de idiotas e insolentes. 

¿Tolerar el delito? ¿Condescender con el delincuente? ¿Tolerar al infractor?

¿Permitir que las leyes se infrinjan como una señal de tolerancia? ¡Por favor!

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