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Opiniones de hoy

El rincón de Casandra

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¿Eterna reconciliación franco-alemana? Hum…

Empleado ejemplar de la empresa Henkel, Wilhem Borge habita con su esposa y tres hijas que él adora, una bonita casa cercana a Stuttgart. Este jefe de familia regresa del trabajo diariamente, cena en compañía de su familia, reza agradeciendo los alimentos, plática de sobremesa, ve televisión, en suma, todo apunta a la tranquilidad de un padre y esposo modelo. Hasta que un día de 1960, la Policía toca a su puerta. Borge, nazi y torturador del campo de la muerte de Auschwitz es arrestado para ser llevado a juicio por múltiples crímenes contra la Humanidad.

Para los estudiosos del tema alemán, el enigma nazi-germano persiste aunque es evidente que en el nazi tipo Borge, la sensibilidad y la ferocidad coexisten con toda naturalidad. Y en efecto, se comprueba que el padre de familia irreprochable y el empleado cumplidor y meticuloso fueron piezas fundamentales de la mecánica nazi. El fenómeno Hitler no hubiera sido posible sin las cualidades innatas de su pueblo: su disciplina, su inmensa docilidad como grupo, su incurable necesidad de ser guiado. Existe otro aspecto que opaca aún más el intento de explicar el fenómeno nazi y ello es la bondad natural del alemán en tiempos normales. Pero sucede que al haber aceptado el nazismo, ese mismo buen corazón se acomoda perfectamente durante un lustro con el sadismo que fuera aplicado con método y todo rigor en la política concentracionaria hitleriana. Es justamente esa adaptación que desconcierta a los que buscan lógica y unidad en las acciones humanas. Heydrich, cercano colaborador de Hitler y verdugo de Checoslovaquia llora a mares al escuchar la música de Mozart. Himmler, tercero en la jerarquía hitleriana y jefe de todas las Policías del Reich, acaricia tiernamente la cabeza del niño que más tarde sería cremado en los hornos de los “campos de la muerte” de Auschwitz o Treblinka.

Después de la guerra y la derrota de Alemania se llevaron a cabo varios juicios contra sus dirigentes nazis. Esos procesos tuvieron como tela de fondo también la responsabilidad colectiva de los pueblos frente a actos criminales de sus gobernantes electos. La Solución Final que buscaba y casi logró la eliminación total del pueblo judío –conformado en gran parte por alemanes de varias generaciones atrás– fue tema de varios de esos procesos. Testimonios personales, públicos y oficiales aseveran del rechazo generalizado alemán frente al martirio judío, y ello es generalmente aceptado y, sin duda, individualmente acertado. Sin embargo, es válido interrogarse cuál habría sido en ese tema la actitud popular de haber ganado la guerra –y estuvo cerca de ello– Hitler y sus secuaces. Las especulaciones, aunque académicas, quedan aún hoy a la orden del día.

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