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Opiniones de hoy

Arrastrando el paso, las reformas van

opinion

Ahora viene la segunda generación.

Las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos ha sido un parto largo y complicado. Más de diez años de reuniones, discusiones, preparación de documentos, tareas de cabildeo, disputas de protagonismos y demás. Al final, inesperadamente, los diputados se vieron acorralados por las manifestaciones ciudadanas durante veinte semanas, algunas multitudinarias y en todo caso inéditas, de la Plaza (en la capital y las provincias) en 2015, y quisieron torear el reclamo.

Hicieron la reforma solo a medias. Es lo que refleja el Decreto 26-2016, y no podía ser de otra manera pues las leyes, o sea, los pactos implícitos o explícitos, solo expresan la correlación de fuerzas, que es la regla de tres de la acción política.

La reforma de la Ley Electoral tenía tres círculos concéntricos, que van del corazón hacia las capas primaria y secundaria, pero no son independientes una de otra, al revés, a medida que se expanden se ganan la integralidad necesaria para que nazca el nuevo régimen político. El corazón es la referencia de la competencia electoral: el dinero como dueño y señor de la arena. No importa la paridad ni la alternabilidad, ni otras formas de participación (comités) o de elección (democracia interna) si el asunto del financiamiento no se resuelve. Si los oligopolios de los medios siguen ganando dinero con esa reforma, ese no es el problema: lo que había que resolver era el acceso equitativo a los medios de todas las fuerzas políticas.

Hay más control de financiamiento, pero no es perfecto, ciertamente. Pero nunca lo será, pues los controles son sistémicos, incluso van más a allá de la Ley Electoral. Tienen que ver con cambios en leyes como la de la SAT, ahora en debate; de la Ley Bancos y de la propia unidad de inteligencia financiera de la Superintendencia, todo lo cual está en marcha para que el sistema general gane transparencia.

Sancionar o vetar la Ley Electoral es una decisión y responsabilidad del Presidente de la República. En mi opinión en lo que debemos de concentrarnos ahora es en la segunda generación de la reforma, que tiene que ver con la democratización interna de los partidos y la participación ciudadana mediante voto nominal, paridad y alternabilidad, y la ruptura del monopolio de los partidos para postular candidatos al Congreso de la República. Será también un partido largo y complicado. Por eso hay que empezar ya, aprendiendo las lecciones de los caminos anteriores e integrando a los nuevos actores sociales, que provocaron y a la vez nacieron en la Plaza, y que fue lo que finalmente logró este pequeño pero significativo avance, sobre todo considerando que el Congreso no los representa.

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