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Opiniones de hoy

La unidad familiar

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Lo ganado si no es para compartirlo en familia, no nos interesa.

Los países desarrollados juzgan a Guatemala con actitud de superioridad: “pobres chapines”, piensan, debido a nuestro modelo atrasado de vida referido al núcleo familiar. Eso es lo que según ellos nos mantiene sumidos en el atraso, y hacen planes para que nos parezcamos a ellos, que nos convirtamos en su réplica desolada. Pero nosotros no somos máquinas ni la fortuna material nos importa tanto, porque lo ganado si no es para compartirlo en familia, no nos interesa. Y los países hegemónicos no entienden que son ellos quienes nos atrasan, porque nos pasamos la vida defendiendo de sus intenciones, porque nos quieren arrebatar todo resto de nacionalidad, alterarnos la forma de vida.

Un buen ejemplo se advierte en los chapines que viven en los Estados Unidos, donde trabajan toda la vida pero la primera generación no aprende ni el idioma oficial. Envían remesas y siguen viviendo como estando acá, en familia, agrupados en barrios de similares, y hasta abren negocios para satisfacer lo propio, invierten en llevar a gente a tortear en el comal, y no porque les haga falta el maíz, sino por la cultura de compartir. Porque la comida a solas no es de nuestro agrado. Nuestra costumbre es en la mesa, poyo o piso, o alrededor del fuego, en familia.

En este país, los negocios de éxito son familiares. Las grandes empresas tienen apellido, y cuando se disuelven por la multiplicación de las generaciones, en la repartición de la propiedad, o porque las compran los monstruos de la globalización, los más aptos emigran con su capital a invertir en novedosas sorpresas propias. La gente no quiere trabajar para otros, porque la posibilidad de crecer es limitada. Lo común es soñar con lo propio. Al querer imponernos el modelo extraño se atenta contra nuestra cultura, y en tal caso la idea de prosperidad no es relevante.

Qué aburrido sería el mundo si todos los países fueran remedo de lo mismo. Ya no tendría sentido viajar ni aprender idiomas. Y tampoco se puede avanzar destruyendo, sino impulsando lo natural. Los guatemaltecos somos dados a funcionar en núcleos familiares por lo que quizá lo que habría que inventar es un nuevo modelo de operación productiva, donde cada familia realice una fase, y las transnacionales se convirtieran en organizadores. En lugar de centralizar, hay que descentralizar la producción.

La venta comercial de más crecimiento en la actualidad es la que se sucede desde los hogares a los hogares. Las tiendas son conducidas por familias. El negocio propio levanta la responsabilidad, por lo que en lugar de querer destruir nuestro estilo de vida en aras del progreso, se debería de fomentar, proteger e impulsar lo que nos caracteriza. Quizá así se cimentaría un modelo respetuoso de riqueza nacional.

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