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Opiniones de hoy

La discusión no es sobre injerencias

opinion

Es sobre la ruta: Colombia o Haití.

 

Hay dos modelos de intervención que Guatemala puede tomar como referencia: Colombia y Haití. El Plan Colombia contribuyó a fragmentar los carteles transnacionales de la droga y abrió espacios a la sociedad para impulsar la reforma del Estado, incluyendo la expansión de la presencia pública en el territorio. De inmediato Colombia comenzó a emerger, prosperando económicamente, y ahora está a punto de enfrentar otra prueba, la de la construcción de la paz.

Haití ha sufrido intervención tras intervención y cada vez parece hundirse más. La juventud culta hace años que abandonó el país y, a pesar de que puede mandar remesas, dejó sin relevo de conducción a las empresas, las escuelas y universidades, los hospitales y el Ejército, al Estado en general. A pesar de su presencia permanente durante tantos años, los Cascos Azules de la ONU no logran recuperar de manera sostenible el territorio para el Estado, porque no hay Estado propiamente dicho. El crimen organizado cogobierna (asesora e instrumenta a los presidentes) y engancha para sus fines a los ejércitos de desempleados, mientras las “zonas rojas” inexpugnables son bodegas infernales de armamento, drogas y esclavitud de niños y niñas.

La diferencia entre uno y otro destino la hace la sociedad y su capacidad de aprovechar el alivio de la soltura de los grilletes del crimen, la corrupción y la exclusión social. Guatemala no tiene la solidez ni la calidad de cuadros de la sociedad colombiana, pero aún conserva jóvenes y organizaciones de base que Haití perdió tempranamente. Con actores y liderazgos multisectoriales que incluyan políticos, empresarios, intelectuales, cooperativistas, militares institucionales, profesionistas, dirigentes sociales y de los pueblos indígenas bien se podría acordar y aplicar una agenda mínima de reformas para recuperar y encauzar el Estado, generando prosperidad extendida.

Si no aprovechamos esta oportunidad para levantarnos de la postración y las fuerzas del statu quo, ahora acosadas por la justicia, se reorganizan y golpean lo poco pero significativo que se ha logrado en materia de Estado de Derecho, iniciaremos la ruta fatídica hacia Haití. Es una lástima que el presidente Jimmy Morales no comprenda o no quiera comprender el punto decisivo en que se encuentra. Más que lastimoso, es decepcionante para la ciudadanía que le votó, derrotando contra todo pronóstico a las poderosas maquinarias electorales clientelistas, y liberándolo de los grilletes que constituyen los compromisos de financiamiento de campaña.

La discusión no es de injerencias, es de viabilidad de la autoridad del Estado y de edificación de una sociedad cohesionada. La discusión es encaminarnos por la ruta de Colombia o precipitarnos al infierno de Haití. El reto es organizar fuerzas reformistas multifacéticas dispuestas a pelear por un país habitable y decente, donde no se escamoteen responsabilidades y deberes. El tiempo apremia y este año será decisivo en el curso que siga Guatemala en las próximas dos décadas.

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