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Opiniones de hoy

¡Cerrarla!

opinion

Para quienes todavía se preguntan qué hacer con la SAT.

 

Puesto que el Ministerio de Finanzas Públicas –Dirección General de Rentas Internas– se evidenciaba incapaz de realizar una eficiente recaudación tributaria (cobro de impuestos) se tuvo la idea –abundan las ideas– de establecer un ente autónomo –“la gran solución”– y fue así como surgió la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT), “más allá del bien y del mal”, con una curiosa composición de “Directorio”.

Al frente ejecutivo de la misma, el Superintendente de Administración Tributaria –rimbombante título– funcionario cuya designación final le corresponde al Presidente de la República, tomado de una terna que le propone –carita de “yo no fui”– el citado Directorio.

Vino a sumarse así la Superintendencia de Administración Tributaria a la jungla institucional en que hemos convertido el Estado, plagado de instituciones “extraordinarias” que se han establecido para suplir la ineficiencia de las instituciones ordinarias.

En lugar de ordenar y corregir –“duplicar”– tal la brillante tesis.

Ineficientes los Ministerios de Estado para ejecutar el gasto público se establecieron “secretarías”, llegándose al colmo de los colmos –en algunos casos– de ni siquiera inventar órgano alguno sino de situar los recursos –de una vez por todas– fuera del Estado: “fideicomisos” que se han escapado del necesario rigor de la fiscalización pública y llegado al más pervertido manejo que pudiera haberse dado de los recursos estatales incluido ¡Claro está! el municipio.

El manejo de los recursos a través de escogidas oenegés ha venido a culminar el más corrupto de los cuadros.

Si el Ministerio de Gobernación no logra la eficiencia ¿Por qué no crear la “Superintendencia de Seguridad” que supla sus flaquezas? Y ¿Por qué no –sumergidos ya en el sobaco de la confianza– una “Superintendencia de Administración de Justicia que supla la ineficiencia de los jueces?

Cuando se estableció aquella Superintendencia –la tributaria– me opuse a su creación tal y como me he opuesto a la creación de todos los esperpentos que se han establecido para completar la ingobernable jungla que hemos hecho del Estado, cada ocurrencia, un nuevo feudo: las juntas de gabinete convertidas en mercado.

Se estableció la SAT –otro feudo– minimizando la importancia del Ministerio de Finanzas Públicas, invadida la función pública por prioridades e intereses que no son los del Estado.

Dije en broma entonces –premonitoria, que conste– que después de la Superintendencia de Administración Tributaria –vendría a establecerse– para suplir su ineficiencia, la Super –Super– Intendencia de Administración Tributaria y –después –la Super – Super – Super– Intendencia y –así– sucesivamente ¡El Colmo! la Super – Super – Super, Super –Intendencia de la Superintendencia– cada una con su propia “línea” o sus múltiples “líneas”, que no existe Superintendencia sin su “línea” bajo el brazo.

Superintendencias, Secretarías oscuros y agigantados directorios: a lo Empagua y “ejecutores” con antifaz calzado…

Se habla ahora de una “reingeniería” para la Superintendencia de Administración Tributaria –SAT– reingeniería condenada al fracaso puesto que –sabido es que el árbol que nace torcido, nunca su rama endereza.

¿Qué hacer, entonces, con la SAT? ¿Cuál podría ser para la SAT, la mejor reingeniería? Pues muy sencillo –aunque no quiera comprenderse– la mejor reingeniería para la SAT habría de ser la misma reingeniería que debe realizarse en todas las instituciones extraordinarias que se han creado para suplir –supuestamente– la ineficiencia de las instituciones ordinarias: Cerrarlas.

Resulta este un buen momento para volver a la fuente y comprender que será muy difícil que el Estado pueda cumplir con sus funciones invadido, como se encuentra, por múltiples instituciones extraordinarias que han venido a suplantar a las ordinarias y convertido el Estado en una jungla.

¿Por qué no parar la discusión sobre el sexo de los ángeles y no tomar la decisión correcta: El cierre definitivo de la SAT y el regreso de la recaudación tributaria a sus orígenes: El Ministerio de Finanzas Públicas y que sea este el responsable.

¿Cuál es el miedo a ejercer el poder, como se debe?

En la jungla actual ¡Qué cómodo es! nadie se hace –ni resulta– responsable de nada.

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