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Opiniones de hoy

La piñata somos todos

opinion

La lesividad de los pactos y los sindicatos es evidente y la gran ausente es la PGN.

Sí, usted, yo y todos los individuos productivos de Guatemala nos hemos convertido en la piñata de los funcionarios públicos, que consideran tener el derecho de azotarnos y sacarnos “hasta el último dulce”.

Quienes nos han propinado palazo tras palazo no son sino los mismos saqueadores de siempre en sus distintas presentaciones.

La lista de vividores es kilométrica pero su método de saqueo por excelencia es el de los sindicatos y los pactos colectivos. Por mencionar tan solo un ejemplo,  el pacto colectivo de  trabadores permanentes  del  Congreso y sus ahora tres sindicatos, que en total nos cuesta mensualmente más de 20 millones de quetzales.

A diferencia del sector privado, en el que cada empresario debería tener el derecho de decidir si desea o no permitir la formación de sindicatos en su negocio, los sindicatos públicos y por ende, los pactos colectivos, no deberían de existir.

La firma de pactos colectivos y la autorización de sindicatos en los organismos del Estado se da por  la amenaza de presión que ejercen sus agremiados. Presión que consiste en tomar medidas de hecho, violatorias de los derechos individuales de otros, como medios para alcanzar sus fines.

Es por lo anterior que la sindicalización es una negación de la contractualidad,  el estado de cooperar de manera voluntaria bajo un contrato que los involucrados establecen cumplir para beneficio mutuo y en el que el empleado recibirá una remuneración de acuerdo a sus méritos y productividad. En caso que alguno de los involucrados falle, el contrato se da por finalizado y el afectado puede acudir a un tribunal en busca de justicia.

Pero la perversión más grande de los sindicatos públicos y los pactos colectivos radica en que tanto los agremiados como los burócratas realizan sus componendas con dinero que ninguno de ellos ha producido.

El incentivo del político para complacer a todos los sindicatos es que negociar con ellos y darles lo que caprichosamente exigen, representa un mantenimiento de su popularidad política. No es casualidad que Ministros y miembros de la Junta Directiva del Congreso firmen los pactos colectivos como si de firmar autógrafos se tratara.

La lesividad de los pactos y los sindicatos es evidente y  la gran ausente es la Procuraduría General de la Nación.

A pesar de lo anterior, hay tecnócratas y políticos que se atreven a afirmar que Guatemala necesita un incremento en la recaudación, en la tasa impositiva y en el gasto público. Lo que no entienden,  o no quieren entender, es que el problema no es ninguno de los anteriores sino el despilfarro del dinero de los tributarios. Recursos hay y la prueba es que alcanza para sobrepagar a 193 conserjes en el Congreso.   

“La gente empieza a darse cuenta de que el aparato del Estado es costoso. Lo que aún no ven es que el peso recae sobre ellos”. Frederic Bastiat.

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