[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Opiniones de hoy

Ricardo López Urzúa

opinion

Nunca utilizó el Gobierno sus servicios, crítico de arte y martillero en las subastas.

Escuché el apellido cuando ingresé a la facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos. Transcurría vertiginoso el mes de marzo de 1948 cuando ingresaron a la clínica de la Chinche un grupito de universitarios: Chus Guerra, el Loco Alvarado, Chema Palacios y uno al que todos llamaban: Chichicúa. Esa tarde supe su historia. Se aproximaba la Huelga de Dolores de 1947 y para la celebración de la Velada Estudiantil, los estudiantes de Medicina preparaban un número jocoso. El Canche Bernhard, Enrique Mazariegos y Werner Ovalle elaboraron una astracanada a la que titularon “Los caballeros calcetes” aprobado por el Honorable Comité de Huelga de inmediato. Como llegó a oídos del Gobierno que el numerito contenía bromas ofensivas contra el Ejército, el presidente Arévalo y los jefes militares (Arana y Árbenz) solicitaron presenciar un ensayo. A la súplica de las autoridades de suprimir la representación, la respuesta de los matasanos fue una rotunda negativa.

El teatro estaba de bote en bote, cuando los estudiantes vistiendo falditas cortas, guerrera gris y escobitas en lugar de fusiles, cantaban burlones: “Los cadetes dicen pío, pío, pío, cuando tienen hambre, cuando tienen frío. El sargento busca el maíz y el trigo, les da su comida y les presta abrigo. Todas las mañanas tomamos lechita, y hacemos gimnasia porque somos fuertes. Pío, pío, pío…”. En ese momento aparecieron dos militares –de cuyos nombres no quiero acordarme– uno lanzando una bomba lacrimógena; el otro subiéndose al escenario armado de un pistolón.

Los estudiantes lagrimeando por la bomba, abandonaron la escena, quedándose impertérrito uno de ellos: Chichicúa, quien al ver el pistolón apuntándole, gritó por el micrófono con palabras un poquito gruesas: “Dispare pues, pero rapidito”. Una lluvia de insultos y sillas hicieron que el milico abandonara el teatro.

Esa fue una de tantas hazañas de Ricardo Chichicúa López Urzúa, quien no solo fue un estudiante esclarecido, sino que también, médico especializado en Medicina Laboral de quien nunca utilizó el Gobierno sus servicios, crítico de arte y martillero en las subastas, intérprete consumado de la guitarra, hijo servicial hasta el último día con su santa madre, esposo afable, hermano solidario y amigo íntegro con quienes lo apreciamos.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia Evelin Vásquez/elPeriódico
Giammattei asegura que se tomarán medidas por el aumento de casos de COVID-19
noticia AFP
Chileno Cornejo domina el Rally Dakar en motos

El chileno Ignacio Cornejo (Honda), segundo este domingo en la séptima etapa del Rally Dakar, ganada por su compañero estadounidense Ricky Brabec (Honda), vencedor de la última edición de Dakar, se colocó líder de la clasificación de motos.

 

noticia Luis Fernando Cáceres
La infalibilidad del deseo humano por avanzar

La razón que fundamenta lo que somos y a lo que nos entregamos.



Más en esta sección

Cataluña lanzará un nanosatélite en marzo desde el cosmódromo ruso de Baikonur

otras-noticias

Primeras unidades del nuevo Mercedes-Benz Clase-S 2021 fueron mandadas recoger por un defecto en el sistema de dirección 

otras-noticias

MINEX dice que la invocación de la Carta Democrática Interamericana fue preventiva

otras-noticias

Publicidad