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Opiniones de hoy

El alcance de los Acuerdos

opinion

Los actores de la guerra no eran héroes.

Si los Acuerdos de Paz suscritos hace 19 años se hubiesen cumplido razonablemente, Guatemala no sería muy distinta de lo que es ahora. Los “acuerdos sustantivos”, sobre todo el Acuerdo sobre aspectos socioeconómicos y situación agraria, tradujeron en gran medida la agenda de los organismos financieros internacionales, enmarcada en el programa de ajuste estructural. No es enteramente cierto que Álvaro Arzú impuso una línea neoliberal, pues esta había arrancado diez años antes y la tonada de los Acuerdos no la desarmonizó. Lo que Arzú sí hizo fue privatizar los beneficios de los bienes del Estado y socializar las pérdidas de mercados capturados y muy mal supervisados, pero es otra historia.

Tampoco se puede afirmar que los Acuerdos de Paz se incumplieron absolutamente. Las modalidades de servicios terciarizados en salud, educación y el modelo productivo en el campo, que al cabo arrojan saldos negativos, están dibujadas en los Acuerdos, que legitimaron el Consenso de Washington. En el campo de la seguridad se cumplieron compromisos asociados al acotamiento de funciones, recursos y despliegue del Ejército. Otro tema es nuestra incapacidad de edificar una institucionalidad civil profesional o darle una misión moderna a la fuerza armada. El principal déficit de los Acuerdos son los “cuerpos ilegales y aparatos clandestinos de seguridad”, para lo cual hace 12 años se tuvo que convocar a la CICIG. Pero los asuntos torales que modifican la movilidad social e incluso cultural no son parte de la agenda de Paz.

Era políticamente imposible que los Acuerdos –tan abarcadores y complejos– se convirtiesen en “el” proyecto de transformación, debido a los sujetos que los postulaban. Por un lado, los actores de la guerra no gozaban del aprecio popular; salían de una prolongada y ruinosa confrontación armada, no eran héroes. Resultaba poco realista que se les confiase, como en Nicaragua o El Salvador, la conducción de un nuevo proceso político; de hecho, en la legalidad la URNG no ha conseguido en 19 años recuperar las bases sociales que, movilizadas, llegaron a poner en jaque al sistema. Por otro lado, los partidos habían sufrido una precoz debacle de conducción; en la depuración política de 1994 desaparecieron las fuerzas reformistas y el espectro fue colmado por el conservadurismo donde se acomodaban ciertas elites económicas y militares. Para lo que sí sirvieron los Acuerdos fue para clausurar un conflicto armado dantesco, aunque ya anacrónico. Los sujetos de la guerra olvidaron el pasado y quedaron en paz; las víctimas civiles no podían hacerlo sin traicionar su memoria. Es la cuestión que seguimos procesando muy lentamente como sociedad.

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