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Opiniones de hoy

El frenesí legislativo

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Lo normal es que los diputados honrados empiecen por analizar las leyes de otros países y se asesoren adecuadamente.

El vicio de los diputados por obtener ingresos monetarios de manera poco ortodoxa es más fuerte que su moral sin poder esconderlo, por lo que es difícil imaginar que están usando cinturón de castidad artesanal para declarar de urgencia nacional la ley que regula las tarjetas de crédito con 106 votos sin pedir nada a cambio y que no hay león encerrado, porque un gato es muy chiquito para tanto buitre que siempre quiere aguinaldo anticipado. Las preguntas ayudan: ¿Por qué motivo, razón o circunstancia no mostraron el mismo interés con la Ley Electoral y de Partidos Políticos? y a ¿qué se debe que los emisores no dicen ni pío pío? Lo normal es que los diputados honrados empiecen por analizar las leyes de otros países y se asesoren adecuadamente. Hace años surgió una iniciativa similar adversada tenazmente por un excandidato presidencial pelón, logrando que durmiera por años, jodiendo a millones de tarjetahabientes. Algunos se fueron de este mundo sin pagar sus deudas por los intereses salvajes y otros no podrán honrarlas ni viviendo 200 años.

Las tarjetas de crédito son reguladas en EE. UU., Japón, la Unión Europea, etcétera, fijándole límite a los intereses que cobran y castigando con severidad las cláusulas abusivas. En Guatemala hacen lo que les da la gana. Un banco regional –los dueños son paisas– emite una tarjeta Credo simple. Si supera el límite de crédito provocado por los intereses leoninos que aplica, le impone una multa del módico y humanitario 40 por ciento mensual, aparte del recargo por servicio y el cinco por ciento de interés de su saldo a la fecha del corte. Si reclama que el cobro es ilegal en virtud de que el sobregiro lo genera únicamente el uso de la tarjeta y no los intereses capitalizados por el emisor, la respuesta es: No le pusimos una pistola en la cabeza lo toma o lo deja. Don Corleone no lo haría mejor. En los préstamos no acepta abonos a capital, paga todo o se jodió hasta el final y si lo hace, le cobra un recargo por pago anticipado. ¡Qué tal! Para que no se deprima le dicen que le vaya bonito y que tenga cuidado: en la calle asaltan… En el mundo de la voracidad donde el abuso es la norma, hay que hacer un concurso y ver quién se gana la medalla de oro, plata y bronce: Las tarjetas de crédito, los hospitales, las funerarias o los mareros. El voto es libre y secreto.

La libertad no es un valor social absoluto y el Estado dispone de mecanismos reguladores para proteger a los ciudadanos de los abusos a que los someten los intereses particulares, la competencia funciona del diente al labio, en la práctica administran los precios de los bienes y servicios, ejemplos abundan, el mercado con limitaciones es la norma de la sociedad, creer que capitalismo significa libre mercado es un error. La competencia perfecta no existe. El argumento de que la cartera morosa de las tarjetas de crédito es muy elevada se cae solo al ser provocada por los infames intereses que cobran, a tal grado que si debe Q4 mil 500 y abona el mínimo mensual paga la deuda en 45 años. Con intereses justos la morosidad disminuye, el temor de violar la Constitución al dejarlos libres es un razonamiento pobre o perverso, el bien común prevalece sobre el particular y si la ley suprema no lo garantiza, regresemos al trueque. Todos ganamos fijando un límite y sancionando el abuso, somos el único país que no las regula. Si no lo hacen seguirán aplicando la ley de la selva, hasta que se rompa la pita al armarse la gorda y va a suceder.

En otro tema, el próximo gobierno debe establecer la paridad oficial de nuestra moneda a Q8 por US$1. Esa decisión permitirá a millones que reciben remesas pagar solo uno por ciento por transferencia bancaria y no cinco, retirando el dinero en quetzales o dólares a su conveniencia, al ser de curso legal. Son US$300 millones anuales –mínimo– que incrementarían la inversión, el empleo y el consumo, disminuyendo la desigualdad al mejorar el nivel de vida. Los tiempos cambian, hay que devolver a la vida los ingredientes que le quitamos dándole un poco de felicidad a los demás, entendiendo de que el desastre social provocado por la codicia se evita disolviendo con sabiduría el egoísmo en un pomo de sensatez y si no les gusta el sabor o les parece amargo, échenle piquete. Los que siempre se oponen al cambio lo harán de cajón, nunca han sido ni serán sensibles al drama social, los chuchos que van a ladrar tienen dueño. Don’t Worry.

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