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Opiniones de hoy

El asesinato de Francisco Javier Arana

opinion

No son asesinos, sin embargo, quienes sostienen la versión por sus asesinos inventada, pero, tampoco, historiadores.

No tenía yo ningún derecho de asimilar con sus asesinos a aquel que no ha hecho otra cosa –aunque haya errado para hacerlo, errado en el método y, claro está, como necesaria consecuencia, en sus conclusiones obtenidas– que querer hacer historia y –así, con todo respeto, se las doy– no se las pido (error pedirlas –y no darlas– que comúnmente se comete en el uso del lenguaje).

Sigo creyendo, sin embargo, que falló el columnista que quiso refutarme en todo cuanto se refiere al asesinato de Francisco Javier Arana, fallo producto de sustentarse en libracos y conatos de libros –lo dicho por otros– no siempre válido –en lugar de investigarlo.

Si lo hubiera hecho, habría podido establecer que jamás se giró orden de captura alguna en contra de Francisco Javier Arana y que, en consecuencia, no se trata sino de la más vil de las patrañas la “historieta” de que sus asesinos, lo que querían, era capturarlo (Ejecutar una orden de captura ¡Vaya cinismo! absolutamente inexistente).

 Tampoco se tomó la molestia de investigar en los archivos del Congreso de la República que, de haberlo hecho, se hubiera enterado de que también es otra absoluta mentira que se haya destituido a Francisco Javier Arana del cargo de Jefe de las Fuerzas Armadas. (Jamás destituido de ese cargo: ni ese día, ni en día alguno)

Patraña la orden de captura y, la destitución, igual patraña: Ni hubo destitución ni hubo orden de captura sino un vil asesinato, asesinato fríamente calculado para terminar, esa era la intención del crimen, con el pluralismo de la Revolución de Octubre y adueñarse de ella –Francisco Javier Arana, la piedra en el zapato.

No se tomó la molestia, el columnista, de leer a Juan José Arévalo quien, en Despacho Presidencial, deja claramente establecido que no tuvo conocimiento alguno de la supuesta destitución o de la orden de captura ¿Cómo podría haberlo tenido, si jamás existieron?

 Si hubiera leído Despacho Presidencial, se hubiera enterado de que el presidente Arévalo –ajeno a las invenciones de los asesinos (operativos de destitución y captura) fue despertado de su siesta habitual por el Ministro de Gobernación, funcionario que lo sorprendió con la noticia del crimen perpetrado.

Se trata –nada más y nada menos– que de la palabra del expresidente Arévalo contra la “sin palabra” de los asesinos.

Corrobora el que se haya preparado un asesinato –y no un operativo de destitución y captura– que el viernes 15 de julio, por la noche, estuvo Carlos Paz Tejada en la casa de Jacobo Árbenz y que este no le dijo absolutamente nada de la proyectada destitución, ni de la orden de captura, siendo mi tesis, soy abogado (de hechos probados construyo presunciones) que si no fueron informados Juan José Arévalo ni Carlos Paz Tejada es porque no era esta la agenda preparada para el lunes 18 de julio de 1949 sino –por el contrario– la del asesinato perpetrado, asesinato del que no se podía poner en antecedentes al presidente Arévalo, ni a Paz Tejada, por una sencillísima razón: Ninguno de los dos, era asesino.

Mis fuentes son los archivos de los Tribunales (Jamás existió orden de captura) y los archivos del Congreso de la República (Jamás existió, remoción alguna) así como los testimonios de Juan José Arévalo y de Carlos Paz Tejada (este se enteró en Quetzaltenango, hasta el lunes 18 de julio, por la tarde, del crimen perpetrado).

El presidente Arévalo reaccionó con energía en contra de quienes se alzaron a raíz del asesinato de Francisco Javier Arana, reacción obligada de quien obligado estaba a defender el orden constitucional, a pesar de lo ocurrido.

El asesinato de Francisco Javier Arana, quedó impune.

 ¿Alguna semejanza, acaso, con las tragedias sucesivas que hubimos de vivir: terrorismo insurgente, terrorismo de Estado, asesinatos, secuestros, delitos de lesa humanidad? Punto de inflexión –su asesinato– para que la revolución dejara de ser plural y se apropiaran de ella quienes la quisieron sesgar hacia otros fines.

 Las “fuentes” del columnista que yerra, además de la italo-americana fueron, entre otras, las memorias –“aún no publicadas”– de uno de los asesinos de Francisco Javier Arana, integrante que fue de la cuadrilla ejecutora ¡Vaya fuente! y que, incluso, se atribuye – en su versión exculpatoria –un protagonismo que cae en el ridículo, el “ecuánime” asesino, y el libro de María Vilanova de Árbenz, Mi esposo, el Presidente Árbenz, su chofer –el chofer de la señora de Árbenz ¡Qué fuente más confiable! otro de los asesinos, integrante, también, del grupo ejecutor.

 Además de importarme el asesinato de Francisco Javier Arana por tratarse del infame atropello de la vida de un ser humano –arrebatándosela– me importa también, sobremanera, por sus implicaciones históricas y no dejaré pasar ligereza alguna en su mención y análisis porque fue ese asesinato lo que terminó con la Revolución de Octubre del 44, a partir de entonces secuestrada y forzada a la utopía, asesinato que impune –no castigado– dejó abierto el camino, de par en par, para todos los asesinatos sucesivos.

 ¡Que viva en este septuagésimo primer aniversario, hoy y siempre, la Revolución del 20 de Octubre de 1944, plural y democrática, respetuosa del ser humano y del Estado de Derecho; la que quiso forjar una Guatemala que hubiera llegado a ser distinta –fraterna y solidaria– pero que, con el asesinato de Francisco Javier Arana, uno de sus más preclaros líderes, fuera brutalmente asesinada el 18 de julio de 1949!

 Quien justifica un crimen ¿Por qué les resulta tan difícil comprenderlo? los justifica todos. Amén.

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