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Opiniones de hoy

La prisión preventiva no se trata de un castigo

opinion

Lo que esta pretende es, única y exclusivamente, asegurar la presencia del imputado en juicio y que este no obstaculice, estando libre, la actividad de la justicia.

Ha sido tal la mediocridad de nuestro sistema judicial que se ha venido haciendo un castigo de la prisión preventiva, cuando esta no es sino un instrumento para asegurar la presencia del imputado en el proceso y que debe utilizarse –única y exclusivamente– cuando no exista otra forma de lograrlo, siéndolo –también– para impedir que el imputado pueda realizar maniobras para obstaculizar las investigaciones y la acción de la justicia tales como, por ejemplo, inutilizar la evidencia, esconder los instrumentos y objetos del delito u otras semejantes.

La prisión preventiva busca impedir –en especialísimos casos– que el imputado vuelva a delinquir, en tanto que no se define su situación jurídica; especialísimos casos en los que su peligrosidad se hace evidente.

Dada la mediocridad de nuestro sistema de Justicia y su conocida ineficiencia para llevar las pruebas a los juicios y lograr, así, que se produzcan las condenas (incapaz –tantas veces– de llegar al castigo que se busca) ha hecho que sea la prisión preventiva la que venga a hacer las veces de la pena y, así, sin más, se satisfaga –como que si se tratase de un asunto de oportunidad y conveniencia y como que si fuera este el fin de la Justicia– el morbo de la plebe.

La prisión preventiva, por su naturaleza, debe causar al detenido el mínimo de inconvenientes posible puesto que se trata de alguien que puede ser inocente y que, incluso, por mandato constitucional expreso, debe ser reputado como tal en tanto no se demuestre lo contrario y que se declare, así, en la sentencia.

¿Quién le devuelve al inocente el tiempo que, injustamente, haya estado detenido?

¿Quien le compensa, después, las privaciones y los sinsabores a que haya sido sometido?

Por eso es –por esa imposibilidad de indemnizar lo indemnizable, la privación de libertad– por eso es, decíamos, que la prisión preventiva debe ser tan benigna, cuanto sea posible, si asegurada la eficiencia de los fines que persigue y, en todo caso, respetuosa y garante de los derechos humanos de todo detenido.

Es tal la mediocridad del sistema –adicionado, también, por la perfidia– que se alargan los juicios para que se tenga la impresión –entonces– de que se ha logrado el castigo cuando, la verdad de las cosas, no se ha logrado más que el atropello.

El machismo que impera en la prisión preventiva también debe llevarnos a necesaria reflexión. 

¿Una simple casualidad, acaso, que se hayan establecido desde hace ya un buen tiempo –sin crítica alguna, por cierto– instalaciones especiales para hombres en tanto que no se ha contemplado para las mujeres consideración alguna?

Dos juezas son enviadas a prisión preventiva, pero, ¡ah casualidad!, el juez varón, por el contrario, logra el favor de una medida que vino a sustituirla.

¿Peligro de fuga en las juezas? ¿Peligro de obstaculización de su parte cuando han estado en libertad –ya sabidas de la persecución– por tantos meses? ¡Por favor!

Dejarlas en prisión preventiva obedece al mismo show –ajeno a la justicia– de las órdenes de captura que se emiten en contra de personas que –si fueran citadas– se presentarían al tribunal sin necesidad de que fueran capturadas.

¿Valor ejemplarizante el de las capturas y el de la prisión preventiva? ¿Por qué no –mejor– que sea la pena –tras el debido proceso– la que venga a cumplir esa función? ¿Por qué la prisión preventiva, como castigo, sin esperar a la pena?

¿Será tanta la desconfianza, acaso, de que esta nunca se produzca?

¿Por qué, si se tienen pruebas contundentes y –en consecuencia– la certeza de que habrá de llegarse a una sentencia condenatoria que imponga la pena, se busca un remedo de la pena, en la prisión preventiva?

Si por ver tan solo el árbol, se pierde la dimensión del bosque. ¿No será que por la obsesión de lo mediático –la prisión preventiva– se pierde la dimensión del juicio y su propósito, el esclarecimiento de la verdad y –si fuere el caso– con la ley en la mano –la imposición de la pena?

La prisión preventiva no es un castigo y constituye toda una aberración jurídica que se la tome como tal: Un atropello inconstitucional de la presunción de inocencia.

Debemos abogar por la justicia, pero jamás por sus parodias. Amén.

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