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Opiniones de hoy

La retorcida psicología de los políticos

opinion

Guatemala es quizás un caso especial de impunidad y de cinismo político.

Tal y como lo definió Zigmunt Bauman, vivimos una sociedad líquida, desbocada, en la que la imposición del sistema económico y cultural estandariza pautas de pensamiento y comportamiento.

Hay en el humano de nuestro tiempo un ego, un “yo” exaltado que busca una relación extrema entre consumo e “individualización”. En estos últimos meses la CICIG junto al MP revelaron con pruebas demostradas lo que sospechábamos desde hace mucho: el cinismo de la clase política para vivir de manera opulenta robándole al pueblo de Guatemala. Ante esa bestial obsesión y avaricia por concentrar recursos y capital que corrompe casi a cualquiera (con escasas y contadas excepciones), uno se pregunta ¿es parte de nuestra cultura dejarse corromper y volvernos lobos del propio ser humano? o ¿es la impunidad algo intrínseco al sistema mismo que convierte a los humanos en lobos de sí
mismos?

Vivimos dentro de un sistema podrido, cundido de impunidad, en el que la triangulación de la desregulación financiera, los amplios campos de la impunidad y el cinismo, y el descaro en la psicología de los políticos produce una especie de “patología de la codicia y el narcisismo”.

Pero, ¿de dónde nace ese profundo narcisismo y codicia en los políticos que uno creía incorruptibles? Según diversos estudios científicos y psicológicos el narcisismo nace de una baja y frágil autoestima que lleva a los políticos a quererse llenar de bienes innecesarios para buscar llenar el vacío de lo que en su vida emocional y espiritual carecen.

Un estudio publicado en Psycology today, sometió a una serie de cuestionarios a políticos y trabajadores comunes para conocer sus niveles de narcisismo, los resultados demostraron que los políticos poseían los niveles más altos de narcisismo.

Dentro de esta “patología de la codicia y el narcisismo” en casi todos los políticos, los bienes materiales se utilizan más como comunicadores que como utilidades. Más como símbolos de identidad que llenan un vacío.

Guatemala es quizás un caso especial de impunidad y de cinismo político, sin embargo el modelo de concentración de la riqueza de los políticos, no es tan diferente del de otros países en un mundo enfermo por el consumo y la codicia humana por tener más y más sin importar los costos humanos.

En este sentido, acaso la retorcida psicología de nuestros políticos sea el vómito del sistema mismo de impunidad-codicia-narcisismo, en un mundo en que las 85 personas más ricas del planeta poseen el equivalente a los recursos económicos de los 3.570 millones de habitantes más pobres. Y en el que la riqueza mundial está dividida en dos sectores: la mitad está en manos del uno por ciento, y la otra mitad se reparte entre el 99 por ciento restante. En el mundo existen poco más de 1,400 billonarios que poseen una fortuna superior a los mil millones de dólares. Y gran parte de estas fortunas logran escapar a sistemas de imposición, a través de montajes financieros, reubicando el capital en paraísos fiscales, como en el famoso edificito Ugland House de las Islas Caimán, donde están registradas más de 18 mil 800 empresas, algunas de ellas bancos célebres y reconocidas corporaciones. Lejos de ser regulado, este sistema de asimetría solo parece ir en expansión.

Los valores de nuestra retorcida sociedad y la psicología de nuestros retorcidos políticos son el enquistamiento mismo de la permisividad de valorar más los bienes que la libertad y la vida misma, donde es más importante el ser que el tener, donde el vaciamiento de la vida interior es tan hondo que lo llenan con la nada. Pérez Molina y Baldetti están en la cárcel, pero su verdadera cárcel es su incapacidad de tener una vida interior propia sana, sin haber trascendido la prisión del ego, pues cuando nos aferramos a nuestro “yo” no podemos Ser.

En definitiva, el poder y las posesiones son paliativos que hacen a los políticos fantasear con la ilusión de sentirse “alguien”, un ser ficticio, carente de sentido propio y de libertad interior que desconoce que el sentido de la vida es Ser y no la codicia y egocéntrica búsqueda insaciable por tener.

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