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Opiniones de hoy

Gasto público: Primero efectividad y honradez

opinion

El desfinanciamiento del Proyecto de Presupuesto de Ingresos y Egresos del Estado 2016 constituye un grave riesgo para la estabilidad económica del país. Contrario a lo que diría el sentido común, decenas de expertos se han dado a la tarea de tratar de convencer al público que el problema es el nivel de la recaudación tributaria. Fieles a su cantilena, estos modernos sofistas evitan hablar de la baja calidad, despilfarro, plazas fantasmas, corrupción, opacidad, ausencia de resultados y deficiente planificación, monitoreo y evaluación que caracteriza al gasto público. Llegando, incluso, a minimizar la corrupción y malos manejos del erario público que han quedado a la vista de todos. Su atrevimiento de sugerir un aumento de impuestos para reducir el desfinanciamiento del Presupuesto constituye una falta de respeto al pueblo de Guatemala. En las condiciones actuales, sin que haya de por medio una reestructuración profunda del sistema de compras y contrataciones del Estado, del servicio civil, de la Contraloría General de Cuentas y de los fondos y programas sociales, todo guatemalteco tiene dudas razonables acerca del destino de los impuestos que paga.

Es un asunto sencillo: ni el Gobierno central, ni las municipalidades, ni las entidades descentralizadas se han ganado el derecho a demandar más recursos; tampoco los sindicatos públicos, diputados distritales, gobernadores y candidatos a la Presidencia. A los ojos del pueblo de Guatemala todas estas organizaciones y personas representan más de lo mismo: corrupción, ineficiencia, abusos y despilfarro. Durante décadas se le viene pidiendo sacrificios a los contribuyentes; en cada una de las reformas tributarias recientes se ha puesto primero el aumento de la recaudación y luego las mejoras en la calidad del gasto y el combate a la corrupción. Quince reformas tributarias después lo único que se logró fue aumentar la cantidad de ingresos que el Estado quita a los contribuyentes; las debilidades del gasto público siguen siendo las mismas; los malos manejos y la corrupción más frecuentes que nunca; los esquemas de ejecución presupuestaría más ineficientes, inefectivos y cargados de malas prácticas y opacidad que antes. ¡Basta ya! No se puede seguir forzando al contribuyente a que cargue con todos los males. De ahora en adelante le corresponde a las autoridades de Gobierno mostrar que pueden usar efectiva y honradamente los recursos con los que ya cuentan. Mientras esto no ocurra, nadie debería atreverse a sugerir que los guatemaltecos debemos pagar más impuestos.

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