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Opiniones de hoy

Los presupuestos nacionales y la responsabilidad de los gobernantes

opinion

¿Estamos dispuestos a cumplir cada uno con su parte?

En esto de la hacienda pública no hay recetas; pero, sí suficiente evidencia que el endeudamiento per se no es malo y que no todo déficit es dañino. Países que se endeudaron para construir infraestructuras, hospitales y centros de enseñanza lograron incrementos significativos en la productividad que les permitió repagar los préstamos, disminuir la deuda y hacerla sostenible en el tiempo. Pero, también los hay que crecieron con base a deuda y no pudieron cumplir sus obligaciones. Los latinoamericanos en carne propia sufrimos la crisis de la deuda en los años ochenta con procesos devaluatorios, altas tasas de interés e inflación desmedida que desembocó en una virtual paralización de la actividad económica por más de una década. Si algo aprendimos de esa dura lección es que los desequilibrios fiscales no deben financiarse con recursos de la banca central y que el excesivo endeudamiento es malo.

Los países en vías de desarrollo, como los centroamericanos, enfrentan grandes desafíos en el manejo de las finanzas públicas. Por un lado, las demandas sociales son elevadas y por el otro las cargas tributarias son relativamente bajas. Nadie se opone a que los gastos en materia de seguridad y justicia son imprescindibles, ni que la educación, salud pública y nutrición sean sectores prioritarios. En esto hay total consenso. Lo aconsejable en este sentido es replantear el nivel óptimo de carga tributaria, reorganizar los entes recaudadores de impuestos, reestructurar la deuda, revisar las exoneraciones y subsidios otorgados, eliminar la discrecionalidad en la aplicación de los impuestos y facilitar el cálculo y cobro de los tributos.

Anteriormente, los presupuestos nacionales se hacían proyectando ingresos y egresos, y el déficit fiscal resultante se cubría mediante deuda interna o externa. Pero la cosa cambió radicalmente con la crisis financiera del 2008, ahora la cuestión es diferente, se debe partir de cuál es la capacidad de pago del país para ver si soporta el gasto público deseado. Los políticos saben muy bien que nuevas reformas tributarias son difíciles de implantar y que las variables controlables sobre las cuales si es posible ejercer control, son: la racionalización del gasto público, la reducción de la evasión fiscal, la eliminación de impuestos antieconómicos y la ampliación de la base tributaria.

En cuanto al gasto hacendario, las leyes presupuestales deben contemplar estrictas normas de transparencia, imposición de candados, prohibiciones de realizar transferencias presupuestarias, eliminación de fideicomisos y otras figuras que se prestan a la opacidad. Y, paralelamente instituir reformas legales para castigar el enriquecimiento ilícito de funcionarios públicos, estrictos procesos en compras y contrataciones del Estado, y autonomía de las contralorías de cuentas y su coordinación con las fiscalías anticorrupción, procuradurías generales de la nación y ministerios públicos.

Interesante la medida tomada en Ucrania con la puesta en marcha de la “ley de depuración”. Por medio de la cual un millón de funcionarios del organismo Ejecutivo pasaron por escrutinio público, y a los que se les probaron delitos de malversación fueron procesados judicialmente. Acciones como estas cambian la percepción negativa que tienen las ciudadanías de la burocracia y aumenta la moral tributaria. Aquellos países que son responsables operan con presupuestos nacionales coherentes, y articulan las metas con los programas propuestas alcanzando condiciones óptimas de crecimiento, estabilidad y prosperidad para sus economías.

Si en verdad existe la voluntad política para resolver el problema fiscal en los países de nuestra región los gobiernos deben comprometerse a transparentar el gasto público, rendir cuentas y cumplir metas con base a resultados medibles. Y, a los ciudadanos como contrapartida corresponde cumplir con el pago puntual y correcto de los impuestos. Lo que no es viable es continuar formulando presupuestos excesivos, desfinanciados, no fiscalizables y no sujetos a rendición de cuentas. Seguir con el derroche, la corrupción galopante y la irresponsabilidad solo nos llevará al abismo. ¿Estamos dispuestos a cumplir cada uno con su parte?

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