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Opiniones de hoy

Entre la espada y la pared

opinion

La población debe saber que ambos candidatos ya tienen ofrecidos puestos y ministerios.

La semana pasada nos vimos llamados, casi obligados a votar por rechazo, por oposición, por culpa, por lo que sea, menos por democracia.

Para esta segunda vuelta, los ciudadanos nos encontramos entre dos fuegos, entre la espada y la pared; entre dos candidatos por los que no nos sentimos representados, porque sabemos que ninguno de ellos posee en su plan de gobierno ni una reforma del sistema político, ni el cambio estructural por el que muchos de nosotros salimos a manifestar estos últimos meses.

Lo cierto es que en el imaginario de la población, Jimmy Morales es el candidato “no corrupto y sin compromisos políticos”, pero con más probabilidad dada la “Sandrafobia”. La población debe saber que ambos candidatos ya tienen ofrecidos puestos y ministerios. Tampoco sabemos qué poderes oscuros están detrás de estos. Alguien escribió: “masoquismo: haber votado por un gobierno militar cinco días después de haber depuesto a un gobierno militar”.

Por ello, de nuevo, la segunda vuelta poco parece tener de entusiasmo para ser celebrada y de gozar del derecho constitucional de la libertad de elección en el sentido pleno de la palabra.

Aunque sea cierto lo señalado por Mario Roberto Morales sobre cómo “las movilizaciones fueron orquestadas por un poder geoestratégico regional usando como estímulo los golpes legales de la CICIG, con el objetivo de que la meta regional de ampliar el capital corporativo transnacional y de militarizar su seguridad en Honduras, El Salvador y Guatemala se cumpla sin “impresentables” mediante el Plan para la Prosperidad del Triángulo Norte de Centroamérica, una medida de contención de la presencia china y rusa en Nicaragua…”, no le quita que estas movilizaciones y manifestaciones populares fueron eventos históricos y han logrado ser las expresiones más legítimas que el país haya visto en mucho tiempo.

Cuando digo que las movilizaciones tuvieron mayor legitimidad que las mismas elecciones me refiero a que estas se vieron envueltas en un aire de libertad de expresión, democracia y pacifismo.

En alguna de las manifestaciones vimos a manifestantes cantando a los guardias de la Casa Presidencial: “El pueblo uniformado también es explotado, el pueblo uniformado también es engañado”. Advertí cierta risa cómplice entre policías y manifestantes. También observé la entrega de agua y flores blancas a los policías. No se vio presencia de las fuerzas de tarea ni presencia militar en las manifestaciones. Estos policías con su mirada admitían estar de acuerdo con la manifestación, eran también parte de nosotros.

En uno de los países más violentos del mundo, logramos construir expresiones pacíficas en las que nos encontramos con perfectos desconocidos iguales a nosotros: demandado lo mismo: una reforma estructural del Estado. Desde los nuevos movimientos sociales también se tomó conciencia de la necesidad de participación constante y responsable.

Y cuando hablamos aquí de una participación “responsable”, nos referimos a la necesidad de organizarnos más y mejor en función y en determinación para conquistar la reforma del sistema político y la refundación del Estado. Porque no nos contentamos con haber conseguido mandar al militar a la cárcel, pero colocar a otro igual a él disfrazado de cómico, que representa de nuevo la continuidad del poder económico para proteger los oligopolios tradicionales y no el cambio económico estructural para dar paso a la libre y mediana competencia e igualdad de oportunidades. En Guatemala no habrá paz hasta que haya igualdad de oportunidades.

Creo que el clamor popular –junto a la triangulación CICIG-MP– logró la salida de los dos mandatarios, la presión al Congreso para pedir la renuncia y el encarcelamiento de varios funcionarios públicos. Aunque son conquistas importantes, no volvamos a nuestras casas, no cedamos al tedio, faltan aún las luchas más importantes: la depuración del Congreso y un cambio estructural en la economía política del país.

El futuro del panorama electoral es incierto. En medio de la “Sandrafobia”, está el poder de Morales de comprar votos a la población través del humor y el apoyo que recibe de la clase empresarial. Quede uno o el otro, las necesidades concretas siguen siendo las mismas y para ello las manifestaciones nos dejaron una lección desafiante: somos nosotros quienes podemos poner las tildes a la agenda política para consolidar el germen de un nuevo movimiento ciudadano para reinventarnos y rehacer el país. Esto apenas empieza.

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