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Opiniones de hoy

El exorbitante precio de la belleza

opinion

Dedico esta columna al juez Miguel Ángel Gálvez.

Estos días han tenido un tono trágico. Nada sorprendente resultó la bajeza del Presidente en su confuso comunicado a la Nación. Simplemente se quitó el disfraz de “general de la paz” con que se había investido como mediático camuflaje. Tampoco sorprendió la nueva imagen de Baldetti, devota y con anteojitos. Algunos detalles aviesos sí han lanzado sombras novedosas. Por ejemplo, los regalos que hicieron al Presidente sus “hombres de confianza”. Verdaderas “tasas impositivas” de la red de corrupción sobre los Ministros de Estado. Claro, de esta forma, el Presidente no solo se beneficiaba de actos que realizaban otros, sino que altos funcionarios quedaban con la cola machucada… ¿Y así nos sorprende que el Presidente quiera escapar? Cuando se le acumulen las causas, la vida no le va a alcanzar para cumplir las sentencias que una tras otra le caerán encima. Una perspectiva de miedo.

Para nosotros, los ciudadanos, este proceso tiene un sabor ambiguo. Por un lado hay una enorme satisfacción de estar viviendo un fragmento de la Historia. Tomar el poder ciudadano. Experimentar qué significa construir una Nación digna. Hemos vivido colmados por la indignidad y este proceso resulta una experiencia llena de belleza. Dolorosa y llena de gozo.

Pero, quiero dedicar esta columna al juez Miguel Ángel Gálvez. Al oír las escuchas telefónicas durante el proceso este asunto se vuelve tangible (como cuando uno se entera de los detalles aviesos y cotidianos de una traición). Presenciar cómo un Juez guatemalteco asumió su función con tan profunda seriedad y prestancia me conmovió. Ciertamente los jueces son los garantes del Estado de Derecho y… de los valores más profundos de un país. Cuando las judicaturas se pervierten, todo el entramado ético se desmorona. En Guatemala mucha gente ha batallado por largo tiempo para construir un espacio de credibilidad, justamente en el seno de la justicia.

El juez Miguel Ángel Gálvez es un hombre sereno… pero inquebrantable. Con la legitimidad que tiene la autoridad bien habida y bien mantenida, ordenó a la hiperbólica seguridad de Baldetti retirarse (era un insulto a la ciudadanía). No solamente no se dejó enredar por los torcidos argumentos de la defensa que quiso tapar el sol con un dedo, sino que envió a Baldetti a Santa Teresa… por un asunto de equidad. El juez Gálvez tiene una trayectoria que lo antecede. Una honorable trayectoria. Su existencia nos hace pensar que, después de todo, Guatemala será. Hay valores que nos hacen respetables como seres humanos. El honor es uno de ellos. Quiero darle las gracias al juez Miguel Ángel Gálvez, por ayudarnos, en medio de tanta oscuridad, a ver dónde está la belleza.

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