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Opiniones de hoy

¿Por qué caen los alcaldes y los jefes aduaneros?

opinion

Vale aclarar que estos negocios, y sus réditos, no es de listos con suerte.

Hoy les toca a un alcalde escuintleco y un alto jerarca de la administración tributaria, las acusaciones del Ministerio Público, y ambos casos tienen que ver con transacciones diversas de empresas internacionales, pero que con el alcalde Rizzo del Puerto de San José lo informado rebasa el simple esquema de dádivas corruptas y se adentra en los oscuros corredores del narcotráfico, y el blanqueo de dinero.

 

Vale aclarar que estos negocios, y sus réditos, no es de listos con suerte: nuestras instituciones de control y fiscalización no funcionan ni son exigidas a ser responsables; el patrocinio político corre rampante incluso con el no tan ingenuo aval ciudadano y; estamos tan hartos y desesperados que cualquier solución cosmética nos parece aceptable o esperanzadora, así sea que esta sea darle un placebo a un paciente con cáncer terminal.

 

Los puertos y las aduanas apestan por la caótica y malintencionada administración que prevalece en ellos y esto no va a terminar hasta que no controlemos a los corruptos líderes sindicales que allí pululan y al sempiterno poder militar que se extiende, bajo la vieja visión de la seguridad nacional, hacia el control administrativo de Puerto Quetzal, de Santo Tomás de Castilla, de los aeropuertos existentes, y por supuesto de la administración aduanera. El caso “Rizzo” es un pequeño ejemplo pues para ser honestos todos sabemos que es solo un pequeño atún en un mar lleno de tiburones.

 

Llama la atención a este respecto el silencio del Ministerio de Economía, y de las cámaras privadas, porque de lo que estamos hablando, sencillamente, es de las patologías que padece todo el sistema de la logística del comercio exterior guatemalteco, incluyendo ello a los ciertos falsetes “gestores” aduaneros, que con una buena legislación estuvieran ya en el tambo. Más grave aún el silencio de aquellas instituciones hartamente financiadas y que tienen la responsabilidad de velar por el lavado de dinero y de la regulación bancaria, como el propio banco central y la Superintendencia de Bancos.

 

A este respecto, pareciera ser que la comunidad internacional confía en polígrafos, en cerrar unas rampas y en abrir otras, en sistemas informáticos y de rayos X, y por supuesto, en la futura concesión otorgada a la empresa Contenedores de Barcelona, que mediante una operación muy discutida ganó para el futuro una jugosa licitación para operar una buena parte de las operaciones portuarias en el Pacífico.

 

Pero este ciudadano piensa que las cosas no son tan fáciles y light como se plantean. Firmamos tratados comerciales, se han elaborado incontables agendas de modernización de la infraestructura, pero todos estos recintos se siguen administrando a la vieja usanza de los gobiernos militares. Y es que la historia nos ha venido demostrando cómo en los gobiernos de Arana, Laugerud, Lucas y demás, el premio a los lugartenientes militares y paramilitares, incluso los aliados a los tristes y recordados escuadrones de la muerte, consistía en el otorgamiento del dominio de una aduana y un recinto migratorio, que se manejaba sin mayor consideración de servicio civil y de prudencia presupuestaria.

 

Todos estos recintos aduaneros y migratorios fronterizos son herederos de una cultura de impunidad y de la variada gama de tragedias personales y de necesidades que existen en estos países al relacionarse con el mundo y todos sus vicios: trata de personas, contrabando, comercio ilícito de armas, flora y fauna y en el control/descontrol de los cientos de pasos ciegos fronterizos en donde las más claras bajezas de la explotación humana, de animales y de recursos preciosos naturales ocurren día con día.

 

Los padrinos de Rizzo, no son más que los herederos de la red Moreno, o de los líderes militares y paramilitares que antes controlaban las aduanas de Huehuetenango, San Marcos, Esquipulas o Jutiapa, y que muchos de nosotros recordamos con sus lujosas viviendas, autos de lujo y aeronaves, mientras nuestros niños mueren de desnutrición y tienen condenado su futuro por la falta de oportunidades de educación y salud, gracias a este permitido entramado de corrupción y despilfarro.

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