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Opiniones de hoy

La lucha debe continuar

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Aunque el camino se ponga más empinado que nunca.

Sin duda alguna, el 6 de septiembre será una fecha crítica para el futuro político del país. Razón de sobra para que millones de guatemaltecos estén profundamente preocupados respecto de las decisiones que deberán tomar cuando emitan su voto en las próximas elecciones; malas decisiones en este sentido pueden tener consecuencias graves para el país. No obstante, por más importante que sea la selección de las autoridades políticas que gobernarán el país, el capítulo de la historia que se viene gestando desde mediados de abril no termina el día de la elección, ni el día siguiente, ni el 14 de enero a las 14:00 horas. Al contrario, ese mismo 6 de septiembre inicia una nueva lucha dentro de este capítulo que ha estado marcado por el despertar ciudadano; una lucha que debe encararse con más compromiso, dedicación y esperanza que todo lo que se ha hecho hasta ahora. El mayor error que podría cometer la ciudadanía sería abandonar la lucha actual por el hecho que los resultados de la elección resulten poco alentadores para el imperio de la ley, la honradez en el manejo de los recursos públicos, la búsqueda de la justicia y modernización del Estado.

 

Aunque el camino se ponga más empinado que nunca, la carga más pesada de llevar que antes y el cielo más negro que nunca, la lucha ciudadana por reformar el sistema político y modernizar el Estado debe seguir más fuerte que nunca. La importancia de la participación ciudadana para el buen funcionamiento de una democracia no es nada nuevo. En palabras de R. Putnam (Making Democracy Works: Civic Traditions in Modern Italy, 1993) “en la comunidad cívica (…) los ciudadanos persiguen (…) [su] propio interés definido en el contexto de necesidades públicas más amplias, interés propio que es “iluminado” más que miope, interés propio que está vivo para el interés de otros”. Asistir a las urnas cada cuatro años es solamente un pequeño acto dentro de todas las responsabilidades ciudadanas que conlleva el funcionamiento exitoso de una democracia. Solo en la medida que los ciudadanos reconozcan esta responsabilidad será posible reformar el sistema político actual, combatir efectivamente la corrupción y el crimen, mejorar la eficiencia y efectividad del sector público y garantizar las libertades y derechos básicos.

 

Al final de cuentas, sin importar quién salga electo, sean buenas o malas personas, corruptos o no corruptos, preparados o no preparados, los ciudadanos no pueden rehuir al compromiso que conlleva la defensa de una democracia liberal. Como diría Tocqueville, este es el peor momento para que los guatemaltecos “solo se preocuparan de sus intereses particulares … y se recojan en individualismo estrecho en el que se ahoga toda virtud pública”. Es en momentos como estos, y como los que se aproximan en el futuro, cuando más se necesita de ciudadanos portadores de valores, actitudes, acciones y discursos que promuevan la libertad, la responsabilidad individual, la honestidad, la valentía, la justicia y la verdad.

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