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Opiniones de hoy

Por qué el “sistema” va a la guerra

opinion

Confundir es parte de la guerra.

Cuando los políticos no entienden de política sino de negocios turbios, se friega la democracia y sus instituciones. El poder político se convirtió en la llave maestra que abre negocios de escala, fáciles y rápidos, con altas ganancias y, hasta hace poco, bajo riesgo. Son negocios ilícitos imperturbables al cobro de vidas en hospitales y carreteras, la incomodidad de la gente en aeropuertos y puertos, o a la hipoteca del futuro del país en las escuelas.

 

En relativamente pocos años los políticos hicieron del Estado una plaza de negocios turbios, que opera como un sistema muy bien engranado. Entrar al sistema y posicionarse requiere conexiones, un padrino o madrina que den buena sombra; cierta capacidad de trabajo voluntario y sobre todo llevar dinero y aportes a la causa. Eso concede derechos mínimos, como al pequeño accionista, y expectativas de ganancias tras las elecciones. Una vez dentro (Congreso, Gobierno central o municipal) el truco es insertarse en los circuitos donde fluye el dinero y hay protección.

 

Allí rigen las reglas mafiosas (lealtad y tributo), aunque las mafias político-burocráticas exhiben flexibilidad: hasta ahora, cierta civilidad, guardar algunas apariencias, incluso libertad de asociación (transfuguismo). Sobrevivir y prosperar significa ser parte (leal) del sistema, aceitarlo y sofisticarlo. La filiación partidaria, es anecdótica. El negocio en democracia tampoco será más próspero eliminando competencia, sino cultivando socios potenciales de diversas filiaciones.

 

El sistema funciona como una gran rueda que se recicla electoralmente cada cuatro años: quien hoy está arriba, mañana estará abajo; al hacer negocios ningún voto sobra. Es de sabios profesionales cultivar amigos en la Contraloría, fiscalías, Cortes y tribunales. Indispensable, contar con redes privadas que licuen eficazmente las ganancias. El límite de la tolerancia del sistema está en la denuncia, que equivale a alta traición. Operar dentro del sistema sin ser parte de sus beneficios corruptos, es sospechoso, y aunque quizá estoico, sin sentido. Una vez que alguien fue untado,  es parte de la hermandad.

 

Por eso, que CICIG/MP pillen y desvelen el sistema, sus operadores y beneficiarios, desestabiliza y saca de quicio. Lo mismo reclamar reformas y salidas institucionales a la crisis (Plataforma, Grupo Semilla). Esas son declaratorias de guerra, amenazas vitales y, por tanto, hay que aplicar escarmientos. Responder con todo el fuego y desde cualquier trinchera: política, mediática, campañas negras, demandas judiciales etcétera. Bajo asedio el sistema no está para exquisiteces: a las demandas judiciales se responde con demostraciones de fuerza; argumentos que insinúen desmontar el sistema, se reprimen con muerte civil, incluyendo persecución penal.  Sí, el sistema está en guerra sorda contra la sociedad (asfixiada) y las injerencias foráneas (alarmadas). Aunque confundir también es parte de la guerra

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