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Opiniones de hoy

“Postscript” a la Bendita ciudad, de maldita historia (XV y final)

opinion

Fui leyendo lo que los liberacionistas y los conservadores de Guatemala nos había vedado en torno a la historia de nuestro país y especialmente la historia de la Revolución de Octubre.

Toda esta pesquisa en busca de conocer la verdad, en términos históricos, de lo acontecido durante “los diez años de primavera en el país de la eterna dictadura”, me ha rendido frutos de todo tipo. En primer lugar, encontrarme con el ratón de biblioteca que llevo en mí y que me fuera inculcado por mis padres, voraces lectores. Por ello, estuve y he estado en unas bibliotecas maravillosas, en diversos países, que me ha servido como acicate para ir formando la mía. En segundo lugar, tuve la oportunidad de conocer a seres humanos extraordinarios y otros no tanto. En Chicago, por ejemplo, siendo todavía un adolescente, en 1974 me encontré por primera vez con Eduardo Galeano y su Guatemala: Occupied Country y con Eric Wolf con su Sons of the Shaking Earth. Con los años recibiríamos a Galeano en la ciudad de Guatemala, en el seno del Centro de Estudios Urbanos y Regionales –CEUR– de la Universidad de San Carlos de Guatemala –Usac–, en 1998. A mi retorno a la ciudad de Guatemala y cursando mis estudios universitarios en la Escuela de Economía de la Usac; en 1975, pude tener como maestros a Severo Martínez Peláez, Rafael Piedrasanta Arandi, Alfredo Guerra Borges y a Mario Aníbal González que me encauzaron por el gusto a la historia económica de Guatemala. En 1984, estando ya en la Universidad de Sao Paulo, República Federativa del Brasil, fui agraciado con tener un profesor de historia económica como el doctor Irací del Nero da Costa, quien en lugar de pedirme una monografía sobre la historia económica del Brasil, me hizo escribir una sobre Guatemala. Fue en las maravillosas bibliotecas de varias Facultades de esa universidad que fui leyendo lo que los liberacionistas y los conservadores de Guatemala nos habían vedado en torno a la historia de nuestro país y especialmente la historia de la Revolución de Octubre, de 1944-1954. Paradójicamente, fue en Brasil, en donde leí por primera vez a Edelberto Torres-Rivas, a quien conocí en Río de Janeiro, en el Congreso Latinoamericano de Sociología, de ALAS en 1987. A mi retorno a Guatemala en 1989, pude conocer, gracias a estas investigaciones, a personalidades de la revolución como a los señorones Antonio Obando Sánchez, Alfonso Bauer Paiz, Carlos Alfonso González Orellana, Ricardo Asturias Valenzuela, Carlos Paz Tejada y a Amadeo García Zepeda. Comencé a escribir mis textos por aquellos años. Conocí a un joven economista, Eduardo Weymann Fuentes, que por entonces publicó varios artículos sobre Árbenz y como regalo, de doña María de Árbenz, recibí el libro en inglés de Piero Gleijeses, publicado en 1991. En 1994, publiqué mi compilación sobre la Revolución de Octubre, en dos tomos, en homenaje al cincuentenario de aquella gesta, en los que reuní mucho del material leído en Sao Paulo. Conocí a Sergio Morazán y tuve acceso a las memorias de su padre, el coronel Francisco Morazán. Fui conociendo libros y autores, como el español Jesús García Añoveros, Roberto García Ferreira, del Uruguay; Silvina María Romano, de la Argentina, y los norteamericanos Richard H. Immerman y Stephen Kinzer, uno de los autores de Fruta Amarga. Por último, doña María Vilanova de Árbenz, al final de sus días nos recibió en su casa en Cariari, San José de Costa Rica, con su hijo, Jacobo Árbenz Vilanova y por sus preciosas nietas. Me acerco a los sesenta años y consto que ya no soy marinero de primer viaje. Ha valido la pena, a pesar de los Acisclos de la vida… Fin.

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