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Opiniones de hoy

Los impedimentos malignos

opinion

Dedicatorias constitucionales, que desdicen la República.

Me pegunto si es el elector, el soberano y, si en efecto, lo es, ¿Por qué las cortapisas a su potestad soberana de elegir?

 

La decisión de nuestros constituyentes de establecer impedimentos para optar a ciertos cargos ha estado cargada a lo largo de nuestra historia de malignas dedicatorias personales y muchas veces, cargadas de prejuicios, por no decir de necedades, arrebatando del elector la decisión que solo a este corresponde.

 

Tal y como en la elección pasada se vulneró el derecho constitucional de una mujer –Sandra Torres– incluso cuando era ya inexistente el vínculo matrimonial que la había unido al entonces Presidente de la República, Álvaro Colom, se pretende, esta vez –las paredes ya lo estaban oyendo y se ha concretado– impedírselo a Zury Ríos, también mujer.

 

La mujer, esposa. La mujer, hija. La mujer –siempre vinculada a alguien– jamás mujer: un digno cuadro de nuestro más que contundente machismo.

 

Existen impedimentos para acceder a la Presidencia de la República que tan solo son aplicables si se encaja en ellos al momento del proceso electoral o del período constitucional de que se trate y, así, el impedimento de Sandra Torres como cónyuge –impedimento por otra parte inexistente– no podía prolongarse si dejaba de serlo tal y como no podía prolongarse el de Harold Caballeros como ministro de religión o culto, si ya no lo era.

 

En nuestras incongruencias jurídicas –incongruencias que tanto daño nos han hecho– Harold Caballeros –varón– fue inscrito como candidato “por haber dejado de ser Ministro de Religión o Culto” pero se negó la inscripción a Sandra Torres, mujer, quien había dejado de ser cónyuge –exactamente iguales las situaciones jurídicas (decisiones) de uno como de otra.

 

Si hubiera sido un error inscribir a Harold Caballeros –que no lo fue– lo único curioso sería que los “errores” siempre se cometen en favor del hombre ¿Curioso, no? Jamás de mujer.

 

Sandra Torres, al momento en que debió de ser inscrita era simple y llanamente una mujer –sin vínculo matrimonial alguno, tal y como Harold Caballeros, al momento de la suya, era ya un simple ciudadano y no Ministro ya, de Religión o Culto.

 

Esta vez ya se oían los mismos “tambores de guerra” y se han concretado en el caso de Zury Ríos, mujer-hija (no mujer, simplemente ¡Faltaba más!) por el hecho de serlo del expresidente Ríos Montt, existiendo impedimento para quienes hayan alterado el orden constitucional –o accedido como consecuencia de esto a la Presidencia– y sus parientes de ley lo que implica, en cuanto a descendientes, hasta el infinito… Impedimento, sin embargo, que solamente es aplicable para estos parientes –es obvio– en el momento en que el infractor ejerza el poder –tal lo que ya dijo en su momento la Corte de Constitucionalidad, pero que, al parecer, las autoridades electorales se niegan a observar. ¿Prevaricato?

 

La verdad es que los impedimentos son más bien propios de las Repúblicas bananeras y por lo general desconocidos en las grandes democracias, sistemas en los que el elector es el soberano y lo que manda es el voto.

 

No se contempla impedimento alguno para amantes o para parejas gay. Tampoco para “cuatazos” del alma o para socios de negocios –vínculos más estrechos, muchas veces, que lo que puedan ser los familiares, así son los impedimentos, no solo de malignos, sino de idiotas.

 

En fin, enemigo soy de los impedimentos y he llegado a esa necesaria conclusión –puesto que me parecen que son– todos –una camisa de fuerza para quien es el soberano, el elector.

 

En la elección pasada quedó evidenciado –por otra parte– que las transferencias condicionadas y las escuelas abiertas –la preocupación por la Guatemala profunda y la atención que, finalmente, se le diera, tuvieron un claro efecto electoral, no necesariamente clientelar, voto que se dio masivo en favor de aquellos paliativos que constituían un atisbo de esperanza.

 

Así cómo es mejor el mercado sin que las manotas del Estado se inmiscuyan, mejores son las elecciones, sin sus manos, el elector, sin cortapisas y mejores las campañas políticas, protagonistas los candidatos, los comités cívicos y los partidos y no –como que si fueran las vedettes– las autoridades electorales.

 

Sea el Estado corrector de imperfecciones del mercado y séalo, también, de la contienda electoral –el parangón es válido– pero no el protagonista de uno o de otra.

 

No quiero cerrar este artículo sin reiterar que considero absolutamente válido que se haya inscrito como candidatos presidenciales, cuando lo fueron, a Jacobo Árbenz Vilanova y a Lionel Sisniega Otero –descendientes de quienes alteraron órdenes constitucionales anteriores al de 1985 (también Ríos Montt, si este fuera el caso, habría alterado uno anterior) pero que si tales inscripciones fueran “errores”, lo curioso sería se habrían dado como siempre ¡Qué casualidad! en favor de varones, no de mujer.

 

Con estas graves incongruencias –tan solo son una punta del iceberg– jamás podremos comprendernos. Amén.

 

acisclo_valladaresmolina@yahoo.com

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