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Editoriales

Readecuación presupuestaria para

opinion

El miércoles pasado, el presidente Alejandro Giammattei, en un mensaje en cadena nacional, afirmó que la readecuación presupuestaria acordada se traducirá en un techo de gasto público para 2021 de Q94.4 millardos, que se desglosa así: Q61.8 millardos (65.5 por ciento) para funcionamiento; Q17.9 millardos (18.9 por ciento) para inversión y Q14.6 millardos (15.6 por ciento), en concepto de pago de deuda pública.

Como se recordará, en noviembre pasado, el Congreso aprobó, a rajatabla, un Presupuesto de gasto de Q 99.7 millardos, pero debido a las protestas en contra el Legislativo resolvió dejarlo ilegalmente sin efecto y archivarlo. Por tanto, quedó vigente para este año el mismo presupuesto de gasto que se ejecutó en 2020, por Q 107.7 millardos, que incluye la ampliación extraordinaria de Q 20 millardos que el Congreso aprobó para contrarrestar la pandemia COVID-19. El Presupuesto de gasto original para 2020 era de Q87.7 millardos, que es la cifra que la gente pedía para el 2021.

No obstante, el techo presupuestario de gasto público para 2021, según el gobernante Giammattei, se fijará en Q94.4 millardos, o sea casi Q7 millardos más que el ejecutado en 2020. Por tanto, será el más alto de la historia en condiciones ordinarias.

El Presupuesto de gasto público, de Q94.4 millardos, se financiará así: Q64 millardos (67.9 por ciento) con ingresos tributarios; Q4.8 millardos (5.1 millardos) con ingresos no tributarios y donaciones; Q22.2 millardos (23.4 por ciento) con deuda pública y Q 3.4 millardos (3.6 por ciento) con saldos de caja y otros.

La proyección de recaudación tributaria se basa en un crecimiento económico de 3.5 por ciento del PIB para 2021, lo cual supone una importante reactivación económica, que no se vislumbra todavía. 

Asimismo, se anticipa un déficit fiscal de 3.5 por ciento, que, obviamente, supondrá una renovada presión sobre las finanzas públicas y una predisposición hacia un mayor endeudamiento público y la recaudación tributaria arbitraria y coactiva.

El gasto de funcionamiento del Estado, que se erogará en 2021, o sea el 65.5 por ciento de los ingresos estatales, es una pesada carga, que no se aliviana, sino que, por el contrario, sigue aumentando. Sin duda, el desorden en la contratación de recursos humanos, la adquisición incontrolable de bienes y servicios, la negociación opaca e irracional de los pactos colectivos de condiciones de trabajo en el sector público, el gasto superfluo (gasolina, guardaespaldas, vehículos, comida, ropa, viajes, viáticos, gastos de representación, regalos) y la corrupción generalizada (desviación de recursos, enriquecimiento ilícito, sobrevaloración de obra pública, etcétera) son los grandes componentes de este descomunal gasto del Estado, que, por supuesto, no tienden a la baja, sino al alza.

Lamentablemente, las demandas ciudadanas por la transparencia, la racionalidad del gasto público, la austeridad, la eficacia fiscal y la lucha contra la corrupción no son prioridades para un Gobierno manirroto.

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