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Editoriales

Saturación hospitalaria

opinion

Ha trascendido que, desde mediados del mes de diciembre pasado, las áreas destinadas a atender la emergencia sanitaria del COVID-19 de la red hospitalaria nacional está saturada, es decir que la respectiva capacidad instalada ha sido superada, debido a la cantidad de personas contagiadas que acuden a los hospitales debido al agravamiento de sus dolencias. Incluso, algunos afirman que el horizonte de un eventual colapso del sistema hospitalario está a pocas semanas.

Incluso, se ha mencionado que la gran mayoría de los pacientes que están abarrotando los hospitales sufren padecimientos extremadamente graves, por lo que para su recuperación se requiere mayor atención y cuidados por parte del personal médico y paramédico en los nosocomios, así como la inversión de mayores recursos.

Se asegura que la mayoría de pacientes en los intensivos hospitalarios son personas mayores de 60 años con enfermedades preexistentes, obesidad, hipertensión, problemas cardíacos, diabetes, entre otros. Muchos de estos enfermos cuando ingresan a los centros de salud ya padecen de neumonía, dolencias cardíacas o colapso renal.

Sin duda, el aumento del contagio entre humanos en el territorio nacional se debe, en gran medida, a la relajación de la población en cuestión de adopción de las medidas preventivas requeridas a raíz de la pandemia del coronavirus COVID-19, tales como uso de mascarilla, distanciamiento social, confinamiento voluntario, lavado de manos, higienización de lugares concurridos, etcétera. Si a esto agregamos que una segunda ola de contagios por COVID-19, a raíz de variantes identificadas del coronavirus, está azotando a distintos países, con un mayor grado de morbilidad, entendemos que la emergencia sanitaria se ha reactivado.

La infraestructura de salud, a pesar de los esfuerzos que se han hecho en cuestión de ampliación de la capacidad hospitalaria instalada, ha vuelto a ser insuficiente, al extremo que los médicos y paramédicos han pedido con vehemencia a la población que se cuide y evite enfermarse para no desbordar dicha capacidad, ni tampoco forzar los recursos humanos y de capital que se destinan a hacer frente a la pandemia.

De hecho, los médicos y paramédicos están haciendo un esfuerzo enorme y, en muchos casos sobrehumano, para hacer frente al incremento de pacientes en estado crítico. Lamentablemente, muchos galenos y salubristas han caído en medio del caos pandémico. Por tanto, es sensato y razonable el llamado que se hace a la población de evitar el contagio para que la capacidad instalada no sea desbordada y genere un colapso sanitario. Si la población demanda servicios de salud más allá de la oferta que puede brindar el sistema sanitario, lo que ocurriría sería que los enfermos no puedan ser atendidos óptimamente y que el número de fallecidos aumente.

De cualquier manera, se espera que los recursos financieros y humanos en el sector público se empleen de manera eficiente y eficaz. Esto requiere de una importante coordinación al más alto nivel del gobierno. De esa cuenta, lo menos que se espera a estas alturas es que exista un trabajo conjunto armónico en el Organismo Ejecutivo (presidente, vicepresidente, ministros, secretarios presidenciales y demás funcionarios de entidades centralizadas, desconcentradas y descentralizadas del Estado), que el control de la discrecionalidad administrativa sea completo y eficaz, que se refuerce el combate contra la opacidad, el despilfarro, la corrupción y la impunidad, así como que se deduzcan responsabilidades legales en contra de los funcionarios y empleados públicos infieles y pérfidos.

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