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Editoriales

Sin tolerancia la verdad cede ante el dogma y el fanatismo

opinion

San Pablo (Pablo de Tarso), a quien Taylor Caldwell califica como el Gran León de Dios, es un ferviente creyente en la libertad. Para San Pablo, el cristianismo libera al ser humano de la ley y del mundo. La libertad está indisolublemente vinculada con la verdad, a la que San Pablo le tenía una profunda devoción. La verdad os hará libres, dice Jesús.

Paul Jonson señala que San Pablo “al perseguir la verdad afirmó el derecho a pensar y a reflexionar hasta la conclusión definitiva (…) demostró que la fe cristiana nada tiene que temer del poder del pensamiento”.

Schweitzer llamó a San Pablo “el santo patrono del pensamiento en el cristianismo”, y señaló que “todos los que piensan para servir al Evangelio de Cristo destruyendo la libertad de pensamiento deben ocultar sus rostros ante él”.

San Pablo, al igual que Jesús y San Juan el Bautista, no padeció persecución ni martirio por ser virtuoso, sino por decir la verdad. Desafió el ‘statu quo’ imperante bajo la antigua ley judía, cuyas 613 prevenciones y prohibiciones no eran observadas, y enseñó la buena nueva cristiana, que se traduce en la salvación a través de la fe y del poder de la verdad.  

En ese orden de ideas, José Ingenieros afirma que “el que expresa su verdad en voz alta, como la cree, lealmente, causa inquietud entre los que viven a la sombra de intereses creados”; y agrega que “el que ama su verdad no la calla; el hombre digno prefiere morir una sola vez, llevando incólume su tesoro”. 

La asociación entre libertad y verdad es, pues, la energía vital del cristianismo, que desafió y socavó al mayor poder constituido de la antigüedad, el Imperio Romano, y cambió la historia de la humanidad para siempre.

A lo largo de los dos últimos milenios, cuando los cristianos se han apartado de esa visión de libertad predicada por San Pablo, basada en el poder de la verdad cristiana, la intolerancia se ha apoderado de ellos, con sus nefastas consecuencias. Sin tolerancia la verdad cede ante el dogma y el fanatismo.

En suma, la verdad cristiana es libertad positiva, es esencial para el crecimiento y la vida, es fundamento de la integridad espiritual. En ese contexto, quien no valora la verdad no tiene la fuerza moral para enfrentar la perversión, el fraude, la farsa y la maldad en un mundo siempre propenso al egoísmo, al abuso, a la envidia, a la crueldad, a la codicia, a la corrupción y al odio.

¡Feliz Navidad! ¡Qué Dios los bendiga!

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