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Columnistas

Esto no es Woodstock, es Guatemala

opinion

Lado B.

Norman ‘Nobby’ Pilcher, un exagente de la Policía Metropolitana de Londres, acaba de publicar sus memorias (‘Bent Coppers’. Ed. Clink Street, 2020). En ellas se arrepiente de haber sido el responsable de la persecución y detención de varias estrellas de rock a finales de los años sesenta, entre ellas John Lennon, Mick Jagger, Brian Jones… La razón principal, la que se publicitaba en los medios: tenencia y consumo de drogas. Aunque, el verdadero motivo, confiesa, era criminalizar a  los músicos, para evitar la influencia política  que estos podían tener en los jóvenes, en tiempos de convulsiones sociales y lucha por los derechos civiles. 

Se puede decir que Pilcher alertó al mundo de que el rock se había convertido en una manifestación peligrosa. De cómo llegó esta llamada de atención hasta nuestros lares, no tengo la menor idea, pero tanto la Policía como el Ejército guatemaltecos se lo tomaron al pie de la letra, con consecuencias bastante más represivas y salvajes.

El uno de noviembre de 1970, hace 50 años, Rony de León (R.I.P.), cantante del grupo los S.O.S., organizó al final de la avenida las Américas, donde ahora es el monumento a Juan Pablo II, el ‘Woodstockito’, un festival de rock que trataba de emular al Festival de Woodstock, ocurrido en EE. UU. un año antes y que congregó a más de 500 mil almas. Un acontecimiento mítico a partir del documental de Michael Wadleigh, editado por Martin Scorsese y estrenado en 1970. En Guatemala, el ‘Woodstockito’ fue un recital gratuito, durante una mañana, que reunió a unos 3 mil jóvenes, según la revista ‘La Semana’, una cifra modesta, pero que puso en guardia al recién instaurado gobierno del general Carlos Arana. La Policía se presentó al lugar y quiso impedirlo, pero no encontró ninguna razón válida: existían los permisos de Gobernación, los jóvenes se comportaban pacíficamente y no había consumo evidente de alcohol ni de estupefacientes. El único problema eran los pelos largos y la música. El ruido que armaban los S.O.S, el Apple Pie y el Módulo 5.

Esto no es Woodstock, es Guatemala’, rezaba el titular de ‘La Semana’, que le dedicó varias páginas al festival días después. En la portada aparecían los S.O.S., cuatro jóvenes casi menores de edad, con aspecto muy hippie y bastante inofensivo. La nota, realizada por Jorge Palmieri, insistía en hacer ver que no se había tratado de una manifestación política, sino de una especie de ‘jamboree’ un poco estrafalario. Rony de León y David de Gandarias hablaban de paz, amor, hermandad, buenas vibras, armonía universal…

Semanas después, los integrantes de los S.O.S. serían arrestados por la macabra Policía Judicial, acusados de ser una banda de secuestradores. Fueron cruelmente torturados y presentados como delincuentes. Ninguna acusación se sostuvo y un mes después quedaron en libertad. La persecución salvaje contra el rock y sus manifestaciones se inauguraba: redadas, detenciones, torturas, abusos en nombre de las buenas costumbres y la seguridad nacional. 

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