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Columnistas

La normalidad de la barbarie

opinion

Lado B.

En el contexto de la revolución rusa de 1905, Yánek Kaliáyev, perteneciente a una célula revolucionaria que pelea contra la tiranía de Nicolas II, es designado para lanzar una bomba sobre el gran duque Serguéi (en la vida real, Serguéi Románov, la persona más cercana al zar y responsable del aparato represivo del régimen). Cuando todo está preparado para el atentado, Kaliáyev se detiene en el momento mismo en que va a perpetrarlo, al ver que dos niños acompañan al duque en su carruaje. Sus compañeros recriminan su actitud alegando que más pequeños morirán en el futuro víctimas de la violencia zarista. Kaliáyev solo responde que  la revolución no se hace para matar niños.

Lo anterior es el argumento central de ‘Los justos’, una obra teatral que le sirve a su autor Albert Camus para indagar en el dilema moral que lleva implícito cualquier acto de violencia. A través de una serie de diálogos de gran belleza literaria y densidad filosófica, se nos plantea una pregunta que es fundamental para situarnos en el medio de los enfrentamientos sociales e ideológicos que marcan nuestro presente: ¿puede justificarse o legitimarse la barbarie en una causa por noble que esta sea?

El fin de semana pasado, en un confuso incidente de violencia doméstica, la Policía disparó por la espalda a un hombre negro en Kenosha, Estado de Wisconsin, EE. UU. Un video grabado desde un teléfono móvil, muestra cómo Jacob Blake es seguido por dos policías armados mientras se dirige a una camioneta gris. Cuando abre la puerta e intenta sentarse en el asiento del conductor, uno de los agentes del orden lo toma por la camiseta y le dispara varias veces por la espalda. Tres niños, hijos de la víctima, se encontraban dentro del vehículo.

El video, por supuesto, me impactó y más tratándose de un caso de violencia del todo gratuito, en donde ni siquiera podría alegarse defensa propia ni protección del orden público. El hombre suponemos que ha desobedecido alguna orden policial, pero no está armado, ni se enfrenta en ningún momento a los agentes. La presencia de los niños dentro del auto, convierte el hecho en algo más escabroso.

Por ese tipo de asociaciones que se producen a veces sin ninguna razón en nuestra cabeza, en lo primero que pensé, luego de  ver el video, fue en ‘Los justos’ y en ese dilema moral que nos plantea Camus ¿qué puede justificar en el fondo un acto de violencia extrema? La verdad, en el momento, no me interesaron las consecuencias del hecho, ni las causas ni los móviles, ni lo que un acto así puede decirnos sobre la realidad contemporánea. Me pregunté más bien qué pudo haber pensado ese otro hombre, policía o no, al momento de accionar el arma ¿tuvo algún reparo en el momento de escuchar o ver a los niños? ¿Habrá un dilema moral que más adelante lo atormente? Y por último: ¿Es un criminal psicótico o solo un agente del orden que trata de hacer de la mejor forma su trabajo? La primera opción de cierta manera explicaría el hecho, la enfermedad mental. La segunda es más inquietante, la banalidad del mal, la normalidad de la barbarie.

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