[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Columnistas

“Tiempos recios”

opinion

Lado b

En la Orgía Perpetua, Mario Vargas Llosa compara a Gustave Flaubert con Honoré de Balzac. Mientras el primero de ellos escribió una docena de obras, la mayoría perfectas, el recuento de la bibliografía del segundo llega más o menos a 600, con algunas obras maestras que a ratos se extravían entre una profusión de escritos menores y alimenticios. Al inicio de su carrera literaria Vargas Llosa quería ser como Flaubert, más tarde decidió ser una especie de nuevo Balzac. Ambas vías son respetables, por supuesto, ya que los dos autores son clásicos irrefutables. Pero mientras al creador de Madame Bovary lo único que en verdad le interesaba era lograr una frase perfecta, así se estuviera derrumbando el mundo, el autor de la Condición humana quería la gloria, ser la conciencia de su tiempo, lograr por la escritura lo que Napoleón había logrado por las armas. Balzac era reaccionario en política y hasta medio oportunista, sin embargo, ningún otro escritor como él retrató el derrumbe absoluto de la época en la que le tocó vivir. Fue implacable con todos, pero en especial con la burguesía, una clase social en ascenso con la que coqueteaba abiertamente en su vida pública.

Hay mucho del mejor Balzac en Tiempos recios, la más reciente novela de Vargas Llosa, que revisita esa Guatemala convulsa que va de las postrimerías de la Revolución de Octubre a la muerte de Castillo Armas. Se puede decir cualquier cosa sobre las posiciones políticas del Nobel peruano y sus coqueteos con el neoliberalismo, pero si algo hay que celebrar en esta obra es su honestidad intelectual. La lectura que el autor hace de los acontecimientos que confluyen en el cuartelazo de 1954 (la caída de Árbenz, la intervención de la CIA, la llegada de la Liberación…) es rigurosa y rehúye cualquier determinación ideológica. La lección moral subyacente es que la Literatura (con mayúsculas) es la deconstrucción de la mentira, la propaganda y la desinformación, es a pesar de todo la “verdadera” historia, como ya nos anunciaba en su tiempo Bernal. Y Tiempos Recios es excelente literatura, quizá no de la complejidad de obras maestras como Conversación en La Catedral, novela de Vargas Llosa con la que se le ha comparado, pero está a la altura de la mejor producción de su autor.

Si en algo podemos coincidir con Vargas Llosa, más allá de las diferencias ideológicas, es en su firme rechazo –en su odio– a la dictadura, a la mentira, al totalitarismo y en su defensa de la democracia. Tiempos recios es una novela política escrita por un liberal (un hombre de derechas, como se ha posicionado sin ningún tipo de empacho su autor), pero es una novela que se fundamenta en los hechos concretos, cuidadosamente investigados, y a partir de estos, busca comprender lo que sucedió. Un libro que resultará polémico en Guatemala, por supuesto, y que muchos lectores escudriñarán hasta el cansancio buscando en donde tropieza el narrador. Pero eso, en definitiva, habla en su favor. La novela, la literatura no están muertas, aún pueden remover los cimientos –los discursos– en los que se apoya una sociedad, como en los gloriosos tiempos de Balzac.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia
Torneo absurdo de fútbol
noticia Andrea Paola
La imagen escondida en el vestuario de Natalie Portman en los Óscar
noticia
Celasa inaugura su tienda


Más en esta sección

Arsenal desafía al Tottenham

otras-noticias

Aumenta el presupuesto de los Juegos Olímpicos

otras-noticias

Municipal busca revalidar el título

otras-noticias

Publicidad