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Columnistas

Luz Méndez de la Vega

opinion

Viaje al centro de los libros.

Luz fue mi maestra de Literatura Medieval Española y Siglo de Oro, en mis tiempos en la Facultad de Letras de la Universidad de San Carlos, y la recuerdo con admiración y agradecimiento. Fue a finales de los terribles años setenta, cuando Luz aceptó revelar su vena poética, y entregó a la imprenta su libro Eva sin Dios (agosto 1979), al que sumó luego, animada por el resultado, Tríptico (enero 1981).

La recuerdo hermosa a sus sesenta años, sentada en la cátedra con las piernas cruzadas, un escote monumental y el cabello negro azabache, recitando “¡Abenámar, Abenámar, / moro de la morería, / el día que tú naciste / grandes señales había!”, de los romances fronterizos. Tenía el poder de capturar la atención, y se hacía notoria en los corredores de la facultad derramando personalidad e independencia. Amaba las letras, la poesía, el teatro, y mantenía en el diario La Hora una página editorial los días sábado, que era ejemplar. Allí nos daba espacio a quienes empezábamos a balbucear, y comentaba nuestros libros. Los titulares mantenían su propia letra cursiva, clara, adornada y vigorosa. Así lo aplicaba también en las portadas de sus libros, que fueron impresos en los talleres del diario vespertino del suplemento sabatino, de su puño y letra el título y disminuido un cuadro cedido para la ilustración por sus amigos pintores, Magda Eunice Sánchez en el primero y Banús en el segundo, y abajo su nombre completo, muy a lo castellano. En todo lo que ella hacía, dejaba marcada su huella.

Luz Méndez de la Vega nació el 2 de septiembre de 1919, por lo que estamos ingresando a su centenario, lo que significará homenajes y palabras, pero sería justo que la Universidad de San Carlos reeditara sus dos obras emblemáticas, dentro de una colección formal que dé sentido a su función como institución rectora de educación superior, para que los lectores conozcan su Díptico ante el espejo, de Eva sin Dios: “Me eché a tus pies / como una perra buena / o una alfombra servil, / mientras que, / angélicamente, / me trituraba el paso firme / de tus zapatos / que destilaban tinta y letras / –retórica de moda– / sobre la sangre cierta / de mi pasión suicida”. Así como reanalizar sus ensayos, como aquel en donde planteó la influencia en la narrativa guatemalteca de Benito Pérez Galdós. O quizás alguna universidad privada quiera apostar por la cultura, nuestras raíces y la sensibilidad nacional.

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