[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Columnistas

Memorias de un conejo

opinion

SOBREMESA

El oficio de relatar historias de la vida cotidiana lo adquirí desde muy chica, cuando de manera casi obligada escuchaba y observaba lo que se sucedía a mi alrededor, sin poder opinar.

Durante mi infancia, las horas de comida eran sagradas, a una hora fija con reunión familiar. Sin posibilidad absoluta ni consentimiento para cambiar el menú al gusto de los comensales, o de renegar si algo no gustaba. Las comidas se convocaban con un campanazo que significaba “¡la comida esta servida, vengan ya!”, tal como si se estuviera en un convento o colegio de internos.

La mesa era entonces el ágora de discusión de los mayores, y mi padre llevaba la voz cantante. Se discutían temas variados, siempre relevante o de interés y en la conversación, los niños no teníamos derecho hablar ni opinar.

El tiempo ha borrado la acidez o frustración que experimenté alguna vez en aquella mesa, cuando en medio de las batallas verbales intentaba aportar algo con timidez, levantando mi pata blanca de conejo para pedir la palabra, y escuchaba el “tú te callas”, acompañado de la mirada penetrante de pupilas azules de mi padre. Fue en aquellas discusiones de mesa que imaginé ser un enorme conejo de pelambre muy blanca, de orejas largas y puntiagudas, que únicamente podía realizar movimientos de nariz.

En esa mesa de mantel siempre limpio, vasos servidos con agua fría, servilletas enyuquilladas y conversación inteligente, me enamoré de la historia, sobre todo de Guatemala. Aprendí la cadencia y armonía de la poesía clásica, experimenté el placer de la literatura, memoricé la importancia del concepto de “productividad”, y a seguir con ansiedad los sucesos más importantes del acontecer nacional, en plena guerra fría, cuando el mundo se dividía en dos, en rojo y blanco.

Y aprendí, que en Guatemala la situación política ha tenido siempre color de hormiga, porque a la vuelta de la esquina, se está fraguando un golpe de Estado, situación que mi madre interpretaba de manera extraña, pues salía corriendo y se aperaba de pan de rodaja de la Panadería Las Victorias y de resmas de papel “tualet”.

En aquellas sobremesas de café ralo hecho de esencia o simplemente de agua pura, mi cerebro aprendió a imaginar los colores y olores de los relatos que contaba mi padre, como el cielo nublado de Londres poblado de zepelines alemanes durante la Primera Gran Guerra, las sirenas sonando muy fuerte, las bombas explotando y polvo, mucho polvo. Las monjitas ursulinas socorrían con sopa a la familia enferma de fiebre española, que para mí era de pollo con trocitos de zanahoria. Las ursulinas vestían color de azul cielo y la epidemia olía espantoso, a pus verde supurando de las heridas.

Me gustaba escuchar a mi madre, que contaba historias con gracia, deteniéndose en los detalles, haciendo que las fotografías en sepia se convirtieran en color violeta o verde perico, como los zócalos de la casa del abuelo Dámaso, de más de un metro de alto, con pintura de aceite. O el dulce de guayaba que comía Dámaso por cucharadas a la hora del postre, latigudo, de punto alto, servido en un recipiente de la cocina de peltre desportillado.

Mi sitio en aquella mesa estaba al lado de mi madre, quien servía a todos y comía muy poco. Nadie podía levantarse de su sitio hasta que mi padre terminaba el postre, la naranja partida en gajos, la rodaja de papaya o una galleta de la Pastelería Palace. Él se limpiaba con fuerza la boca con la servilleta, la dejaba arrugada encima del plato y luego se servía una cucharada repleta de polvos de bismuto, que guardaba en un pequeño aparador con detalles árabes, para la digestión.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia Redacción
Jornadas Luis de Lión

Se amplía la fecha para presentar proyectos.

noticia Andrés Oppenheimer
Una lamentable postura de México y el presidente electo de Argentina

Si México y el gobierno entrante de Argentina no defienden la democracia en el exterior, crearán un precedente peligroso para no respetarla en sus propios países.

noticia AFP
Toyota respalda proyecto de auto volador para 2020

Los ingenieros implicados, procedentes de diferentes empresas, dicen desarrollar este auto futurista bautizada SkyDrive.



Más en esta sección

Benemérito Comité Pro Ciegos y Sordos de Guatemala cumple 75 años

otras-noticias

Ejecutivo quiere terminar el año haciendo compras por excepción

otras-noticias

La portada del día

otras-noticias

Publicidad