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Columnistas

Bernal Díaz del Castillo

opinion

Viaje al centro de los libros.

La literatura nacional está enraizada en las huellas de Bernal Díaz del Castillo. La Historia verdadera de la conquista de la Nueva España es una novela deslumbrante de aventuras, narrada de manera fresca, que relata el viaje espléndido al Nuevo Mundo (como le decían los españoles que vinieron atraídos por la promesa del oro, y descubrieron un mundo prodigioso), y las batallas sangrientas, dirigidas por Hernán Cortés, al estilo de Ciro en el sitio de Babilonia. Hay codicia y crueldad.

La obra despierta interés de historiadores como de lectores comunes, que quizá se pierden la experiencia porque no saben que es más que una crónica. La obra es apasionante, y en ella abrevaron nuestros autores esenciales. Miguel Ángel Asturias dejó los rastros en Maladrón, por el paralelismo con el trayecto de los dos años y meses de Cortés acompañado de Marina, un grupo de soldados y miles de indígenas que iban muriendo como moscas (algunos marcados con la G de guerra), dando vueltas en círculos, abriendo brecha con las espadas entre la selva, atravesando esteros y ciénagas, construyendo puentes en los ríos para el paso de los caballos, marcando el signo de la cruz en las inmensas ceibas para indicar que la tierra era buena para el cultivo, y dejando cartas donde se decía “Por aquí pasó Cortés”, para quienes fueran a seguirles, y siguiendo las indicaciones en un paño de la dirección del Golfo Dulce. Bernal relata las dificultades, el hambre, el castigo a quienes se comieron a cinco prisioneros: “los mataron y los asaron en hornos que para ello hicieron debajo de la tierra y con piedras”. Asturias escribió su propia epopeya del mundo verde, en la búsqueda del túnel que comunica los dos océanos.

Luis Cardoza y Aragón confiesa en sus memorias El río, novelas de caballería, su devoción por Bernal: “Este castellano antigüeño nacido en Medina del Campo a quien expropio, rehén de reconquista, es el máximo escritor guatemalteco”. Y también escribió la Pequeña sinfonía del Nuevo Mundo, donde a su manera evocó la gran epopeya previo a hacer con su propia vida el gran relato, porque El río es la verdadera historia de su experiencia de conquista de México.

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