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Columnistas

César Brañas

opinion

Viaje al centro de los libros.

El terremoto de 1976 se llevó al poeta César Brañas, no como un efecto directo e inmediato, sino como la secuela de un astro fugaz que atravesó con el bamboleo el firmamento dos semanas más tarde. La cola de los temblores lo arrastró y “Tendido estás, isla inmóvil / ya en la densa mar del tiempo”.

El poeta nació en La Antigua en diciembre de 1899, a días de que terminara el siglo XIX, como la sangre fresca para activar el último siglo del milenio. Fue un poeta tímido, ausente y recalcitrante, como el mismísimo río Pensativo, cuyo cauce se mantiene sin agua la mayor parte del año, y en la temporada lluviosa se convierte en un hilo que crece y en ocasiones se desborda, destruye, e inunda la ciudad colonial de Bernal Díaz del Castillo.

Brañas se sumergió en sí mismo y permaneció escondido, discreto, al alcance solo de invitados escogidos a su jardín murado, el patio en que falleció y los libros que él mismo publicaba y obsequiaba. No quiso que circularan masivamente, por exceso de timidez, humildad o miedo, o porque simplemente no se lo ofrecieron. Él se refugió en sí mismo, apenas tuvo una aproximación al glamour cosmopolita de París que sedujo a sus colegas famosos, y retornó a la seguridad del reino en este mundo, aterrorizado del abismo, en su biblioteca. En su correspondencia, alguna vez lanzó una tímida botella con mensaje a los amigos para que trasladaran su obra a los editores, pero nunca tuvo respuesta.

El poeta reposa en el Cementerio San Lázaro, en La Antigua, tal como fue su deseo, y allí están llegando las flores en estos días de aniversario, de vecinos, de estudiantes, de admiradores.

César Brañas es nuestro autor desconocido, un verdadero fantasma. Sus obras empezaron a publicarse lentamente a partir del cuarto de siglo después de su muerte eclipsado por la bulla del terremoto. El reconocimiento tardío, rendirá justicia. El autor del Viento Negro es ejemplo de la manera como el genio nacional puede desaparecer, diciendo: “He perdido mi país de nubes”, “He perdido mi país errante / y ahora soy solo el joven luctuoso / de la noche desdeñado”.

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