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Columnistas

Humberto Ak’abal

opinion

Viaje al centro de los libros.

El poeta Humberto Ak’abal (1952-2019) escribió un poema extraordinario, ingenioso, sonoro, atrevido, empleando el lenguaje de los pájaros: “Klis, klis, klis… / Ch’ok, ch’ok, ch’ok… / Tz’unun, tz’unun, tz’unun…”, que cuando el poeta leía en voz alta, era todo un espectáculo. Vivimos en un país donde el canto de los pájaros acompaña el despertar y es bullicioso en las tardes, pero a nadie se le ocurrió plasmarlo antes. Ak’abal escuchó a los pájaros llamando la lluvia o anunciando la noche o arrastrando cadenas, y compuso todo un concierto imitando o traduciendo sus sonidos. Azulejos, cenzontles, guardabarrancos, gorriones, palomas pacíficas y desconfiadas lo sedujeron, así como la sombra negra de los cuervos y zopilotes en la cima de los árboles, acechando basureros y ríos, en las afueras de la ciudad: “B’uqpurix, b’uqpurix, buqpurix… / Wiswil, wiswil, wiswil…”.

 

‘“Árbol solitario”, acuarela de Roberto González Goyri inspirada en la obra de Ak’abal.

El comediante Aristófanes tuvo una idea parecida hace más de 2 mil 400 años, el del ¡Tralalá, tralalá!, pero él mezclaba lenguaje e imitación del lenguaje alado: “Así los cisnes tio tio tio tio tio tio tio tix, uniendo sus voces y batiendo las alas”.Detalle notable en la representación de Las Aves, pero nuestro poeta se fue al límite, e hizo del sonido, que es forma, contenido, dándole a su bello poema un sentido diferente, independiente del significado humano. La rutina sonora consiste en la repetición tres veces por verso, del canto de un pájaro, permitiendo que una línea larga sea rápida y una breve extendida, como arrastrada, para evocar un sentido métrico: “Tulul, tulul, tulul… / K’urupup, k’urupup, k’urupup… / Chowix, chowix, chowix…”, roto en el penúltimo verso, cuando dejó escurrir un siseo de pájaro serpiente: “Si-si-si-si-si-si-si-si…”, para concluir con “Ch’ar, ch’ar, ch’ar…”. Los puntos suspensivos evocan la continuidad, donde si en lugar de consistir en una lectura lineal, se hiciera simultáneamente por 23 recitadores, se podría captar la impresión de bosque sonando en la cabeza de nuestro poeta. El poema es coral, y su armonía sorprendente.

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