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Columnistas

Editorial Porrúa

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Viaje al centro de los libros

Las editoriales son marcas que permiten al lector asociar los títulos que promueven con experiencias variadas, y la presentación sencilla de Porrúa, de la colección “Sepan cuántos…”, aquella que antes dividía la página en dos columnas, me provoca un raro placer y sensación de bienestar. Me aficioné al sello en mis tiempos de estudiante, y de mi primer viaje a México traje arrastrando en la valija una pila de obras monumentales, entre las que recuerdo la pasta amarilla de los Diálogos de Platón, el ladrillo de La guerra y la paz de Tolstoi, Crimen y Castigo de Dostoievski, amén de otra veintena de fabulosos libros que significaron mi aproximación delirante a lo sublime.

Los tres hermanos Porrúa llegaron a México de Asturias, España, a finales del siglo XIX, y por azares del destino se dedicaron al comercio del libro usado, comprando bibliotecas enteras para su venta de unidad en unidad. Les tocó vivir tiempos convulsos y para 1914 publicaron el primer libro en dicho país, una antología poética, y se instalaron en la ya clásica casa matriz que atrae a tantos bibliófilos de todo el mundo, en la esquina de República de Argentina y Justo Sierra. Hace cuatro años dediqué un día en el famoso mostrador a esperar que le pusieran precio a la edición lujosa de los Comentarios Reales del Inca Garcilaso, que no pude adquirir porque con más de medio siglo de almacenamiento, aún mantenía marcado el precio original, y se necesitaba el ajuste de la gerencia.

Los lomos blancos con la señal de color según categoría, matizan dispersos mi biblioteca personal, junto al brillo de las novedades, las pastas duras, o junto a versiones más delicadas de las mismas obras que luego he ido adquiriendo en otros sellos.

Los libros clásicos de Porrúa son económicos y contienen lo mejor de la obra de la humanidad. Bastaría tener dicha colección en las cárceles para ilustrar a los convictos y restaurar a los culpables o superar la flecha de la injusticia. Es una colección popular, para iniciar a cualquier lector en la idea de inmensidad, rompiendo la barrera de las lenguas.

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