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Columnistas

Polaricemos (2)

opinion

buscando a syd

Milagro es que no hayamos todavía sacado nuestras agrias dagas y sagradas glocks y desatado un nuevo conflicto armado.

Pero de otro lado, ¿es dable hablar de una nueva guerra, si la anterior aún no ha terminado?

Y digo que aún no ha terminado porque las mentalidades operativas que la facultaron siguen intactas, así como las respectivas tensiones entre ellas.

Ahí están los maximalistas de siempre, atizando el fuego de la disputa. Es lo que les gusta. Lo único que quieren, lo único que hacen, su raison d´être, digámoslo así, es acuchillar, a perpetuidad. Por supuesto, que tengan tanta convicción no les impide cobrarla.

En este contexto, ¿de qué paz podríamos hablar? Sin un programa profundo de alocentrismo ideológico y de política integral, sin una ruta precisa para vencer las viejas fijaciones y eslóganes de base, los acuerdos no consiguieron establecer una auténtica cultura de conciliación.

El proceso de paz nunca pasó de ser otra cosa que una logomaquia ordenada por la cartografía de los intereses globales y la necesidad doméstica de una exculpación explícita, para ambos bandos.

Firmar la paz no trajo la paz y no trajo la no guerra. Lo que hizo es darle un negocio y una identidad a unos cuantos señores que la historia no se mata por defender. Un par de ellos, los más nostálgicos, continúan hablando de conservar la armonía social, misma que no ha existido sino en sus foros de opinión.

El asunto es que esa guerra que tanto temen jamás vendrá: ya está aquí porque nunca se fue. Puesto de otro modo: la paz no ha sido más que la continuación de la guerra por otros medios. Puesto de un tercer modo: para muchos compatriotas da lo mismo vivir en tiempos de paz que en aquellos de guerra.

En efecto, hay un enfrentamiento muy poco misericordioso en la calle y en el campo. La gente de a pie lo vive día a día. Ustedes llámenle como quieran: yo le llamo exterminación. El terrorismo planificado no es algo que ocurre en un abstracto país desértico del Medio Oriente. Hemos sido testigos de una masacre cruenta y continuada que ha venido sucediendo sistemáticamente todos los días, y durante años, en Guatemala. Y si no mueren de violencia, mueren de hambre o podridos en la enfermedad, que son violencias también. El actual Gobierno no ha hecho absolutamente nada por resolverlo, perdido como está en sus cábalas oscuras.

Repito: que estemos en paz no quiere decir que no estemos en guerra. Y la cosa solo promete más brasa. Los próximos años serán de pillajes, contestaciones, reingenierías furiosas.

Para librar esta ofensiva un temperamento dulce no será suficiente. Necesitaremos una franja especial de guerreros y guerreros, al servicio de la vida y la consciencia.

Alguien pregunta: ¿y no era pues la idea evitar la contienda? Mi respuesta es que la contienda es imposible de evitar. Mi respuesta, nuevamente, es que la contienda ya está aquí. El asunto consiste, más bien, en librar la batalla de manera limpia, de manera abierta, desde el diseño, desde la autocrítica.

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