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Las calles de La Antigua Guatemala están tomadas por policías y militares: helicópteros sobrevuelan este pueblón escogido para albergar la XXVI Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado. La flor y nata de los políticos del área disfrutarán durante unos días del paradisíaco clima de la ciudad colonial. Ya no hay habitaciones libres en los hoteles más exclusivos y circula en redes un mapa del área central a la que los simples mortales podrán acceder únicamente con gafete. La seguridad para los meros meros de la región tiene sitiada la ciudad y los antigüeños se sienten limitados en derecho a la libre locomoción. En cada esquina un trío de hombres armados nos recuerdan que Guatemala está tomada por la violencia. Nos acostumbramos demasiado rápido a construir paz armados, protegiéndonos entre muros, llenando todo de alambre electrificado, vidrios polarizados, garitas y guardias de seguridad.

¿A qué se reúnen los presidentes de 17 países? En teoría su preocupación central es velar por el cumplimiento de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas que prioriza la reducción de la desigualdad, la pobreza y el hambre. Algo así como cumplir el deseo de toda Miss Universo. ¿Cómo lo van a lograr? Encerrándose en hoteles cinco estrellas, comiendo de lujo y conjurando la prosperidad, el empoderamiento y el desarrollo sostenible con varitas mágicas nombradas: comercio, inversión, empresas, emprendimiento y competitividad. Al decir más de cien veces cada palabra, y luego acordarla, comprometerla, firmar, y ratificarla, los pueblos avanzaran en armonía hacía paraísos (pero fiscales). Paralelamente los políticos, que casualmente son representantes legales o espirituales de empresas y sectores económicos muy importantes, aprovechan para hablar de negocios, regalías, reducción de costos e impuestos. Estos encuentros son otras formas de despilfarrar el dinero de los contribuyentes mientras se legitiman gobiernos de mierda (como el nuestro), y otros se estrenan torpemente en el ruedo político. A los jefes de Estado, diplomáticos y secuaces, les caería bien moverse un poquito de su zona de confort, unos veinte kilómetros hacia el sur, a la Zona Cero; ahí en San Miguel Los Lotes podrán ver con sus propios ojos las secuelas de la destrucción y el abandono que el infame gobierno de Jimmy Morales permitió y promovió. Ahí entre el polvo, la pobreza y la desolación, encontrarán historias humanas de personas importantes, que con solo su esperanza y su fuerza construyen países y transmiten la dignidad de aquellos que trabajan por lo verdaderamente importante.

Aunque, si realmente les interesara solucionar algo en el mundo, no necesitarían juntarse una vez al año a burocratizar los acuerdos; simplemente lo harían, se pondrían a trabajar para lograr los cambios necesarios para una Iberoamérica más próspera para todos. Pero no es así, llenarán cientos y miles de papeles sin sentido, montañas de basura, ficción de la mala, de aquella que no leería Emily Brontë.

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