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Columnistas

El futuro que se cae

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Lado b

La actual crisis financiera de la Universidad de San Carlos se cierne como una amenaza al futuro no solo de miles de jóvenes estudiantes que se ven desechados de la vida productiva y laboral, sino del país mismo y sus planes de desarrollo. Aclaro que entiendo muy poco de lo que en realidad está pasando y supongo que es un problema mucho más complejo de lo que podemos deducir de las declaraciones de las autoridades, tanto de gobierno como de la Usac. Quizá la explicación más esclarecedora nos la dio el Presidente de la República hace unas cuantas semanas. “Los estudiantes de la San Carlos le salen demasiado caros al país”, la cita no es textual, pero esa era la idea. Fue una especie de anuncio de lo que se ha vivido en los últimos días, aunque también una declaración de principios, de parte del mandatario, sobre el rol que juega la educación pública en el proyecto de nación que su gobierno dice ayudar a construir. Bueno, en principio, habría que preguntarse si tiene el presidente o los políticos de su calaña un proyecto de futuro o de nación, o si el Estado es simplemente para ellos una manera de engrosar sus cuentas personales.

Los acontecimientos vividos en los últimos meses, entre ellos el rechazo, como política de Estado, a la lucha contra la corrupción; la crisis hospitalaria o las caravanas de migrantes nos hacen comprender, sin temor a caer en el nihilismo punk, que Guatemala es un país sin futuro ¿Qué tipo de sociedad pretendemos construir en este siglo XXI? ¿Cómo vamos a salir del atolladero? ¿Qué clase de país queremos? Son el tipo de preguntas que nos hunden en la más absoluta desolación. La educación es la única vía hacia el futuro, fue la respuesta del presidente Juan José Arévalo a mediados de la pasada centuria. Sus políticas educativas, entre ellas la de una universidad libre y gratuita, les llevó años destruirlas a las dictaduras militares. Demasiada sangre que aún nos salpica corrió en el intento. La Usac, a pesar del exterminio programado contra la inteligencia y el conocimiento, aún sigue parada. Hasta nuevo aviso. Lo que no lograron las armas, es posible que lo logren las finanzas, la corrupción, los malos manejos, el saqueo de los bienes del Estado… Jimmy Morales ha sido muy claro, su batalla contra el pensamiento crítico, implícita en cada una de sus alocuciones, comienza con la destrucción de la educación pública y su máxima representante. Su ideal es un pueblo educado a base de televisión basura, dogmas religiosos y moralejas.

Está claro: a ningún político le interesa el futuro, viven en un eterno presente, y como los perros de Pavlov responden a los estímulos inmediatos, a las migajas o los huesos que les van tirando los poderes ocultos. La educación, el conocimiento, son para ellos una especie de amenaza nuclear que puede destruir sus privilegios. Su patrimonio es la ignorancia, una masa acrítica que pueden mover (acarrear) cada cuatro años para perpetuarse en el poder. Mientras tanto, las caravanas siguen avanzando, jóvenes sin mañana que se lanzan al camino. Aquí lo que no se ha destruido, está por destruirse.

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