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Ojitos Rasgados VIII

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Y como su mano tenía dificultades para entrar en la manga del suéter y yo estaba detrás ayudándola, aproveché para abrazarla y apapacharla contra mí, plantándole sin más un beso en el cuello y un mordisco con babas olorosas a chuleta de cordero que hicieron que se retornara de golpe y empezara a carcajearse como nunca he visto carcajearse a nadie, con esos ojitos que parecían hojas de afeitar capaces de degollar a un rinoceronte. Marianne se reía y me acariciaba la barba con sus manos, mirándome con alegría, ternura y conmiseración, a lo que respondí con la única frase que se me ocurrió:

-¿Te gustó mi truco?

Ella soltó una frase ininteligible en chino. Y agregó:

 

-T’es fou, t’es dango! (¡Estás loco, estás chiflado!).

Caminamos tomados de la mano las tres cuadras que nos separaban del hotel, pero íbamos como hermanitos, como viejos amigos, como antiguos camaradas. Me dijo que había sido un acontecimiento conocerme, que hacía tiempo no la pasaba tan bien, que yo era un tipo chévere, guay, que la había hecho reír mucho, que se entendía a las mil maravillas conmigo y que le gustaban mis trucos.

-Entonces repitámoslo el lunes, te haré trucos especiales. O el martes. O cuando quieras.

-Hay un problema, Federico (por primera vez se puso seria y me llamó así, Federico). Es que me voy pasado mañana. Jacques tiene que preparar una audición en Montreal y partimos el lunes. De volver, será hasta el año que viene. Así están las cosas. Je suis désolée (lo siento). Lo que sucede entre tú y yo es una locura, no tiene sentido, los dados están ya echados. Me siento confundida, es cierto, pero no hay nada que podamos hacer ahora.

Me quedé de piedra. De haber tenido un cigarrillo lo habría encendido de inmediato (pero hace tres años que no fumo) tan solo para distraer…no sé, las manos, la boca, los pulmones, el cerebro, para no sentirme idiota, un cigarrillo habría sido la tabla de salvación, el cohete, pffffuiiiiiiii, ¡a la luna!, me  habría sacado de apuros mientras estallaba el planeta, o hubiera querido tragarme un misil intercontinental ¡plaf!, con su cabeza nuclear, ¡plum!, se acabó, c’est fini.

 

-A bon? -balbuceé. -Entonces, se van…

Se instaló un largo e hijueputa silencio frente a la puerta del hotel.

De pronto, en un impulso alocado se quitó el suéter, lo hizo una pelota y lo puso entre mis manos.

-Quiero dejártelo para que me recuerdes. Te traerá suerte. Te escribiré, lo prometo.

Se inclinó hacia mí y me estampó un beso relámpago en los labios, ni siquiera tuve tiempo para enterarme a qué sabían los suyos en mi boca, o cómo eran de verdad mis besos, su lengua, la sinfonía bruta de sus entrañas, su orquesta, sus composiciones de violín en medio de la tormenta balbuceando hacia las estrellas, apenas dos segundos y se daba media vuelta sin decir agua va para desaparecer detrás de la puerta giratoria.

Imposible narrar aquí cómo me sentí esa noche y las noches siguientes. Me faltaba oxígeno y pensé que explotaría. Tuve deseos de poner una bomba que destruyera el palacio presidencial, los cuarteles militares,  los puentes, las prisiones, necesitaba hacer estallar todo, el país entero, puesto que nada tenía ya sentido, la única persona que podría haberme ayudado a terminar esta travesía absurda del desierto, la única mujer que hubiera podido entender conmigo la belleza de las cosas, la alegría del juego y la grandeza de la creación, se esfumaba tal y como había aparecido.

—–o—–

Cuatro semanas han pasado desde ese maravilloso y fatídico sábado, y todavía no tengo noticias de Way Mei Su. Cada noche, al acostarme, hago lo mismo: tomo el suéter que me dejó y que descansa al lado de la cabecera de la cama, sumerjo mi rostro en él y me dejo arrastrar por las fragancias de lavanda, pimienta y limoncillo que me transportan sin querer hasta los ventarrones de las estepas de Manchuria. No lloro, porque me aguanto. Aprieto los puños con todas mis fuerzas, y también los dientes, mientras escucho con los ojos cerrados, a todo volumen, las notas melancólicas de Max Richter y su violín desparramándose desde Spotify. Mañana empieza  la semana de exámenes y tengo que preparar los parciales de filosofía para los estudiantes. Creo que esta vez voy a cagarme en todos ellos, sin excepción.

FIN

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