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Columnistas

Ratones alebrestados

opinion

El 3 de junio recién pasado, introduje -a manera de ilustrar nuestra triste realidad sociopolítica- la figura de “Ratas y Ratones de Laboratorio”. Estoy convencido en eso se convirtió nuestra patria -un pestilente y oneroso- laboratorio experimental; seguramente -y desde la promulgación de la Doctrina Monroe en 1823- siempre lo fue, pero ahora con mucho más descaro e improvisación…  y costos significativamente mayores.

En este recinto de la confusión que deviene de la ignorancia generalizada,  desinformación y  mezquinos intereses, se dan cita, al menos tres grupos: 1- Los Ratones: Animalitos inofensivos, poco perniciosos, minúsculos y frágiles; dentro de la cadena alimenticia, una de las especies más abundantes y dieta diaria  de muchísimos animales más robustos; son asustadizos y a veces  simpáticos, son endebles y no tienen capacidades más allá que la subsistencia diaria, lo cual logran con su dieta -principalmente- herbívora. Los ratones representan una especie oprimida e ignorada en el laboratorio -son todos los guatemaltecos de bien, sin importar su nivel económico- abrumados por el crimen, perseguidos por depredadores del erario y enfocados en la sobrevivencia diaria, lucha, en medio de la cual -al menos tres de cada diez-  pagan cabalmente sus impuestos… el resto vive en la marginalidad, la informalidad y la ignorancia; son seres maleables y esclavizados por el timo reiterado. Como cosa curiosa, han elegido como sus “líderes y guías”, básicamente a las ratas.

2- Las Ratas: Mucho más robustas que los ratones, repulsivas, infecciosas, transmisoras de ponzoña, intriga, decadencia y miseria. Duplican a los ratones en fortaleza, su puntiagudo hocico se entromete en todos los ámbitos. Han ejercido  siempre el poder del Estado, fabrican leyes… pero además las retuercen; se visten de dignas la mayor parte de las veces y en ocasiones logran ocultar sus enormes colas; son depredadoras por naturaleza, a diferencia de los ratones son omnívoras insaciables. Siempre han vivido a costillas de los ratones; las ratas se visten de falsos empresarios, titiriteros, mercantilistas, politiqueros o que usan sus cargos -en la cosa pública- para hacerse publicidad y aprovechar cualquier oportunidad para protagonizar. Las ratas manejan los tejidos del poder, están atentas a las órdenes de los zorros laboratoristas; operan -como en los infaustos y conocidos campos de concentración- funcionaban los traidores… sometiendo a su misma especie, para salir triunfantes y enriquecerse. Las ratas no poseen escrúpulos, se visten también de: periodistas, formadores de opinión, analistas, publicistas, procuradores, presidentes, embajadores, sindicalistas, líderes sociales, congresistas, jueces y magistrados. Las ratas son el “baluarte” el statu quo.

3- Los zorros  laboratoristas: Todos con acento extranjero; lucen batas amarillentas, percudidas por el tiempo… se han hecho viejos sojuzgando al laboratorio, sus vestimentas están manchadas con ideologías, impregnadas de mugre globalizante, promotoras de degradación y encuentran gran deleite en la obediencia de las ratas, también disfrutan cuanto éstas se revelan… todo -absolutamente todo- lo tienen bajo control; solamente  los ratones piensan -en su mayoría- el experimento “controlado”, corresponde a la realidad y las cosas están fuera del control de los siniestros zorros. Los laboratoristas, a turnos, enaltecen a una rata, luego la envilecen, la torturan y la matan… inexorablemente para levantar a otra, para cambiar el formato y la escala de valores que -en realidad- no existe. Últimamente disfrutan confundiendo a las ratas, manteniéndolas asustadas, para que cambien de bando… porque entre los zorros existen dos grupos claramente definidos. Para notarlos el ratón debe recurrir a la reflexión -lo cual no le gusta mucho a esta ínfima especie-  y debe animarse, además,  a ver atrás de la tramoya; es preciso corra las cortinas de fétido circo y note los rostros detrás del maquillaje de la aparente “Soberanía”, “Justicia” y “Arrepentimiento”. La verdad es que nada en el laboratorio es verdad… es todo un experimento cruel que pagan los ingenuos ratones que luchan por subsistir, en un entorno hostil al honrado y que se burla de éste. Ellos jamás tendrán poder de influencia, pero mantienen con su trabajo silencioso, continuado y valorado por ninguna rata ni laboratorista… del cruel laboratorio.

Los zorros-laboratoristas tienen sus propios conflictos, de esa cuenta las ratas no saben a quién obedecer… unas toman bando por los que manejaron el experimento durante la última década y obedecían a su súper líder mundial,  el gran zorro mulato; otras toman partido por quienes han manejado -siempre- el experimento hoy liderados por el malquerido gran zorro rubio; al final del día, el laboratorio debe mantener sus costos y a las ratas transnacionales y ello implica que el gran zorro,  patrocinador y jefe, debe estar de acuerdo, pero se encuentra confundido y sitiado, intentando superar sus conflictos internos y los que ha levantado con China, Irán y Rusia. No hay claridad en los que usan bata y lucen banderas foráneas en sus mangas, menos aún habrá claridad para las ratas que buscan el poder a ultranza… unas buscan conservarlo, otras persiguen arrebatarlo. Los paganos ¿Adivine quiénes? Si ¡los ratones!, estos animalitos siempre sometidos, ahora alebrestados por un lío que no es suyo  y no les traerá oficio ni beneficio; toman también partido y pese a que deberán seguir trabajando con honradez -porque solo eso saben hacer-  y deberán seguir tributando -para que las ratas vivan a sus anchas-  se rasgan las vestiduras y defienden a alguno de  los grupos de “superhéroes” -ratas- que no son tal cosa, simple y llanamente defienden su posición, en detrimento de los ratones, siempre crédulos, siempre obtusos, siempre ávidos de circo.

El viernes antepasado recibí -como otros muchos me imagino- decenas de desinformaciones por WhatsApp; según éstas, el país se caía a pedazos y teníamos una especie de “golpe de estado”. Fue tanto el relajo que decidí no creer en nada… apenas horas después celebré -no la situación que es insufrible- pero si mi acierto de criterio. A partir de ese día, he notado a ratones muy confundidos y trágicamente tomando partido por las ratas, he visto -con gran desazón y diría que hasta cólera- a repugnantes ratas llamando el desorden, al bloqueo, al paro; ratas tocando tambores, haciendo conferencias de prensa y haciéndose pasar por defensores de los derechos de los ratones, mientras contribuyen a que el país colapse. Abro mis fosas nasales para distinguir el olor del mensaje de los protagonistas de este asqueroso potingue y solamente me llega un tufo insoportable, un hedor nauseabundo a orina de rata… una especie que indudablemente sobrevivirá a todos los cándidos ratones, a quienes seguirán engañando y sometiendo. ¡Piénselo!

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