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Columnistas

“La última posada”

opinion

Viaje al centro de los libros

Dos autores grandes que recibieron el Premio Nobel en las últimas décadas, sin el respaldo de sus propias naciones, fueron el portugués José Saramago (pedido por los españoles) y el húngaro Imre Kertesz (pedido por los alemanes). El caso incómodo de este último, ganador del premio en el año 2002, y fallecido en 2016, quedó expresado en La última posada, un libro sui generis, que al estilo de un diario va dejando expresados sus sentimientos en el día a día, por años.

Kertesz llamó al Nobel “el beso de la muerte”, porque existe la memoria de quienes se suicidaron tras recibirlo (como el japonés Yasunari Kawabata) o porque ya no volvieron a escribir nada relevante después de alcanzada la fama. La popularidad es peligrosa, y en su caso le pareció “repugnante, ridícula y agresiva”, ya que durante décadas en Hungría ni siquiera sabían de su existencia.

La noticia tras haber ganado irritó a muchos en su patria: “Los nazis despotricaron contra el judío; los judíos despotricaron contra el judío; el gusano maligno que emerge del pasado y contamina el aire con su cadaverina”. En los medios fue insultado, se decía que no se le debió conceder el premio. Y tanto los nazi húngaros como los judíos lo utilizaban para “asestarse golpes en la cabeza los unos a los otros con mi nombre de marca cual si fuese un hacha, mientras se pega cada vez más mugre a ese nombre”. La experiencia lo asustó, había regresado al país donde por décadas no fue nadie, recibido en actos multitudinarios por la población, y siendo insultado por los intelectuales oficiales del aparato cultural. El premio fue para él bastante dinero, y la confirmación de que “en Hungría no me entienden”, y no estaba dispuesto a caer en la tentación de autovalorizar su propia obra, porque era todo lo que podía ser.  Huyó de vuelta a Berlín, afectado por el Parkinson y la enfermedad de su esposa. En su diario dejó plasmado el testimonio resentido y conmovedor tras el recibimiento del premio: “Nunca en mi vida he experimentado tanta vileza como desde que se dio a conocer mi premio Nobel”.

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