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Juventud, ¿divino tesoro?

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La semana pasada se conmemoró el Día Internacional de la Juventud. El gobierno de turno aprovechó para gastarse unos lenes que tenían designados a este rubro haciendo un par de conciertos gratis. Leíamos algunas noticias sobre el tema. Vimos algunos datos que salieron a la luz y nos mostraron que la realidad siempre es más compleja que las cifras.

Guatemala es un país muy joven. La tercera parte de los guatemaltecos tienen menos de treinta años: se encuentran en su edad más productiva. Tenemos la fuerza y el espíritu de un patojo chispudo y los alcances de una muchacha hiper fértil e ingenua.  Según datos del INE, Instituto Nacional de Estadística, el 24 por ciento de esta juventud no sabe leer ni escribir. Esta es una cifra altísima; es casi uno de cada cuatro los que están excluidos de muchas oportunidades. ¿Quién puede mejorar sus condiciones de pobreza cuando ni siquiera puede escribir su nombre? Muchos nunca llegan a sacar sus documentos de identificación. La mitad de estos jóvenes viven en el área rural. Ahí donde hay menos escuelas, menos infraestructura y menos oportunidades.

Más de 1.8 millones de niñas entre diez y 19 años están fuera del sistema escolar. ¿Qué decisiones pueden tomar? Son niñas que ya pueden tener hijos pero que ni siquiera saben cómo se hacen o cómo se evitan hacer estos hijos. Si no tienen acceso a la escuela, a aprender a leer y escribir, cómo van a tener acceso a información, cómo van a poder decidir su futuro. ¿Cómo van a poder decir alto y con fuerza: No, no quiero tener relaciones sexuales, ponete un condón, u hoy no porque estoy en días fértiles. ¡Eso cuando les preguntan o tienen opción de opinar!

Los jóvenes de Guatemala tienen poco que esperar de este país. Los pocos que logren concluir con éxito la educación básica no encontrarán fácilmente un trabajo. Un 3.7 por ciento estará desempleado y un 12.6 por ciento subempleado.

En otras partes de mundo, la vida de la juventud no es muy distinta. Se dice que en este planeta hay 1,800 millones de personas entre los diez y 24 años de edad. La mayoría son pobres. Uno de cada diez vive en zonas de conflicto, viviendo guerra, violencia, exilio y hambre. Al menos 24 millones de ellos no asisten a la escuela y nunca lo harán. Tendrán las puertas del conocimiento cerradas para siempre.

La juventud es el grupo más criminalizado y perseguido. Deben huir del racismo, la discriminación, la violencia cotidiana en sus familias, barrios y calles, y la trata sexual tan presente y tan permitida en tantos países. A veces migrar es la única salida que encuentran en países que los asfixian. Pero eso también es cada vez más difícil.

Los jóvenes están asumiendo ya el compromiso de tomar las riendas de un planeta bastante decadente. Criticar cómo lo hacen no los va a ayudar.

Nos queda velar porque en ellos y ellas no muera la fuerza, la rebeldía y el espíritu combativo tan imprescindibles para que exista un liderazgo renovado, con ideas frescas y solidarias para hacer de este tránsito por el mundo, algo más sano y agradable.

@liberalucha

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