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Columnistas

Ya nadie llora por mí

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Viaje al centro de los libros

La novela reciente de Sergio Ramírez es una atrevida incursión en los meandros de la dictadura del siglo XXI, un retorno a la memoria del Señor Presidente de nuestro Miguel Ángel Asturias, pero en clave contemporánea, distante del delicioso aire modernista que el autor practicó en sus novelas anteriores sobre los Somoza. La nueva novela es realismo vivo, porque se siente en las descripciones la Managua de los bancos y centritos comerciales, con sus árboles de la vida metálicos de colores encendidos iluminando las vías principales hasta el malecón, y donde los habitantes se comunican por redes sociales y dependen del teléfono inteligente para todo. El tiempo es otro, pero el horror no se altera. Cambia la vestimenta y las costumbres, pero el dominio sigue y los opositores están fraguando a escondidas la revancha. Revolución antes o ahora. El dictador omnipotente, que resulta como en Asturias una presencia, silencia con impunidad a la hijastra que lo acusa de violación prolongada, como una anti-Camila, que no se resigna ni muere sino da la cara inútilmente y se exilia en Miami. El mandatario aparece proyectado como un empresario que ordena qué hacer al gobierno y sus perros, o se oculta detrás del poder. No lo dice, pero el lector pudiera pensar en Daniel Ortega y la memoria de la acusación de la hija de su esposa, quien así mismo escandalizó en el pasado, pero los rumores se diluyeron gracias al acomodamiento de la prensa y el respaldo de la madre que ignoró las reclamaciones de su hija.

La novela se presenta como negra, según la tradición de Raymond Chandler puesta de moda en Latinoamérica por el cubano Leonardo Padura, el salvadoreño Horacio Castellanos Moya y el mexicano Paco Ignacio Talbo II o Elmer Mendoza (con el tinte adicional del movimiento narco), pero Ramírez va más allá, utiliza el recurso solo como forma, porque de fondo lo que elabora es una novela política, fresca, que nos regresa a los tiempos apasionados de un pueblo que se levantó en contra de la dictadura. Ramírez es el autor más famoso de Centroamérica en la actualidad, y en Nicaragua vive en tensión con el gobernante que fue su contraparte en los años de la Revolución sandinista. Fui testigo de una ocasión cuando ingresamos con él a un hotel en León y ordenamos una cerveza nacional, pero el mesero regresó atribulado a indicarnos que para él y sus invitados solo podían servir importada. El mensaje provenía de la dichosa rivalidad política, y con este libro quizá ha devuelto la estocada.

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