[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Columnistas

El gran terremoto

opinion

SOBREMESA

Al caer la noche del 25 de diciembre de 1917, el temor y el desasosiego aumentó en la casa de los abuelos en el Callejón Normal. A eso de las nueve de la noche, la ciudad se comenzó a hamaquear con leves movimientos continuos de tierra. En la casa, el agua de la pila comenzó a moverse en un oleaje fuerte que lo mojó todo y las aldabas y las aldabitas de los armarios de los roperos se oían como castañeteo de dientes.

La abuela María ordenó abrir todas las puertas de la casa, pues según  el decir popular,  cuando tiembla fuerte,  se atascan las puertas, “por lo que es mejor estar preparados por si hay que salir corriendo porque  la “cosa” se pone fea.

A las diez y veinticinco de la noche se sintió un fuertísimo sismo, el primero del gran terremoto.  La abuela María reunió a sus hijos en el zaguán de la casa: Fernando, Gabriel, María, mi madre, de seis años y la pequeña Lucita quien no tenía ni un año de esas, y pasó el terremoto en la espalda de Manuela, cargada a tuto y  a ritmo de brinquitos de conejo para evitar que la niña volviera a sollozar.

Ante la feroz  tembladera, los niños se quedaron inmóviles sin saber qué hacer, sin comprender qué estaba pasando;  tambaléandose por los jalones de la tierra, bailando de susto por la movedera, oyendo el crujir de las maderas del techo y los golpecitos del tocador de manita de la casa, que no dejaba de aporrear la puerta de entrada de puro susto.

Otro sismo y otro más y nunca se daba la tregua: “Es terremoto”, -gritó mi abuela-, en medio del aullido de los perros y el tronar de las tejas estrellándose en el suelo.

La ciudad enmudeció al oír sonar las campanas de las iglesias, puestas al vuelo  por lo prolongado de la sacudida del terremoto.  Rápidamente,  abuela María dio la voz de alerta para que todos abandonaran la casa y se colocaran en medio de la calle empedrada, en donde no los pudieran alcanzar los pedazos de cornizas ni las tejas que ya comenzaban a despenicarse de la casa. “La comida la sacamos luego, cuando pare la tembladera”, insistió con prudencia.

Todos salieron de la Casa del Callejón, menos Dámaso, mi abuelo, quien no daba crédito a lo que estaba pasando o por simple necedad de llevar la contra, ya que había decidido aguantar el temblorón en la casa, como capitán que no abandona su barco, precisamente en la sala de la casa, completamente a oscuras,  balanceándose en una silla mecedora de madera negra laqueada,  de respaldo y asiento de petatillo, sin disparar palabra o rezo, ya que no era aficionado a dichos menesteres, mientras la abuela, y los dos hijos mayores, Fernando y Gabriel, le gritaban súplicas,  que por favor saliera porque le iba a caer el techo en la cabeza.

A mi abuela, mis tíos y a mi madre les sorprendió el terremoto en la calle, frente a la casa el Calleón,  con un “Santo Dios, Santo Suerte, Santo Inmortal, líbranos de los temblores y de todo mal …” en la boca, completamente a oscuras,  frente al portón abierto de la casa. Los perros no dejaban de ladrar y el sonido era realmente dantesco ya que los campanarios y arcadas de piedra comenzaron a caerse al piso.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia Por Ricky López Bruni
La del hombre de plata

Sin Filtros

noticia AFP
Tras la pista de uno de los brotes de peste más antiguos del mundo en RD del Congo

El bacilo fue identificado por primera vez en 1926 en la actual provincia de Ituri (noreste).

noticia Lorena Álvarez elPeriódico
SAT: Distintos tipos impositivos facilitan la elusión

La fiscalización y el cumplimiento voluntario de las obligaciones son parte de las acciones a fortalecer.



Más en esta sección

Galería | El tradicional caldo rojo de Cobán

otras-noticias

Un gigantesco pez devora a un tiburón de un bocado

otras-noticias

Milan gana y sigue en lo alto

otras-noticias

Publicidad