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Columnistas

Castlevania

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AT-Field @Tropismo

Es raro que dos mundos a veces tan disparejos colisionen, pero cuando sucede, siempre deja mucho de qué hablar. Más todavía cuando un videojuego se torna película, porque los gamers solemos esperar muchas cosas. Pero cuando Netflix anunció una serie basada en el clásico juego de Castlevania, no sabía ni qué decir. Lo primero que pensé fue en las tardes de fin de año cuando apenas estaba en kínder y nos sentábamos horas frente al televisor con mis primos a sacarle el jugo al NES o al SuperNintendo que uno de ellos se ganó en un concurso por coleccionar las tarjetas de los X-Men y Pepsi.

Luego fue una pregunta: ¿y qué diablos van a contar? A lo lejos recuerdo los pixeles brincando de un lado a otro, y claro el emblemático látigo del protagonista. ¿Había una historia? No tengo ni la menor idea. Me encantaba por el ambiente y la música y porque se miraba peladísimo, en especial los fondos. De hecho, la serie se inspira en Castlevania III: Dracula’s Curse a finales de los ochenta, una precuela de sus predecesores. Y por eso es tan afortunada la adaptación del juego de Konami a la pantalla chica.

En la Europa del siglo XV, Lisa llega al castillo de Vlad Tepes (Drácula) en busca de conocimientos científicos para curar a la gente de su pueblo que sufre de plagas y enfermedades. El retraído y misántropo hechicero –el juego agarra muchos elementos de la novela de Bram Stoker– se casa con ella, quien finalmente es acusada de bruja y quemada. Drácula desata su ira contra Wallachia y un infierno desciende sobre toda la gente. En una ciudad no tan lejos de ahí, saliendo de un bar y sin saberlo, Trevor Belmont se dirige hacia un pueblo asediado por el ejército de Drácula.

Hay varias cosas que me encantaron de la primera temporada, muy corta con sus cuatro episodios. Hay una violencia excesiva pero no es para crear una sensación de miedo o desagrado, sino para ambientar, para poner una atmósfera, y se agradece. La animación a cargo Powerhouse y Frederator está inspirada en Castlevania: Symphony of the Night de 1997, en especial la iluminación y espacios. Pero lo mejor es que la serie no se centra en crear un villano así nomás, sino a un Drácula que permite generar empatía y que pone a la Iglesia católica como el verdadero mal para la humanidad. Netflix avanza con la segunda temporada, de ocho episodios. Y no es para menos, Castlevania tiene mucho potencial.

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