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Columnistas

Detengan las secuelas

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AT-Field @Tropismo

Siempre que una película tiene un éxito relativo, los grandes estudios se lanzan a crear el siguiente guion de inmediato y terminan sacando una secuela desafortunada y aburrida. Es un fenómeno que pasa casi siempre, desde El Padrino hasta Matrix. Y por lo regular la tercera es la peor de todas.

Cars 3 intentó darle un cierre a su protagonista luego del fiasco de la segunda película. En esta ocasión el Rayo McQueen tendrá que enfrentarse a la realidad: la tecnología no se anda con cuentos y lo dejará atrás sin que se percate. En el proceso conocerá a Cruz, una entrenadora nacida para correr a la que siempre le dijeron que no podría hacerlo. Predecible, con un par de buenos chistes, Cars 3 da por terminada la saga.

En cuanto a Mi villano favorito, Gru se entera que tiene un hermano gemelo con quien intentará robar al villano más buscado del momento. Se agradece que la película salga de un centro comercial como en la segunda entrega, pero no da tiempo a que los personajes cambien, todos se mantienen en sus posturas. Gru ya no es un villano, Lucy deberá ser mamá, las niñas no hacen nada, y los minions siguen con sus bromas. Lo único rescatable del tema es el villano: Balthazar Bratt y su trabe en los años ochenta.

 

Lo mismo está sucediendo con Netflix. La quinta temporada de House of Cards se estrenó y todos preguntándose: ¿y ahora qué? ¿Qué más? Kevin Spacey pierde el ritmo, su personaje, el político Francis Underwood, termina en un callejón sin salida y su esposa Claire, interpretada por Robin Wright, tendrá que decidir qué hacer con su mandato presidencial. Ni por asomo tiene la fuerza de las primeras dos temporadas, quizás es más aburrido tratar de  mantenerse en el poder que la lucha por ganarlo.

Con Orange is the New Black se trató de salir de la zona de confort y meter a todas las presas de Litchfield en un motín. Como uno de los personajes menciona  en la quinta temporada: “todos sabemos en qué terminan los motines”. Siguen los chistes escatológicos, sexo y las relaciones humanas entre las presidiarias, pero no pasan de eso. Solo queda ver el reboot de Spiderman en cines y Te prometo anarquía de Julio Hernández en Netflix para quitarnos el mal sabor de boca.

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