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Columnistas

Judas

opinion

Viaje al centro de los libros

El novelista Amos Os (Jesuralén, 1939) tiene una particular tendencia a tratar sobre el tema de la traición, amén de las acusaciones y el sentido de culpa resultantes, y en su reciente novela Judas, desarrolla el tema como nunca, en una obra que es ficción y ensayo al mismo tiempo, porque el protagonista investiga la imagen de Jesús para los judíos y la supuesta traición de Judas.

Shmuel Ash es un joven socialista que en el invierno de 1959 abandona sus estudios universitarios debido a un revés económico del padre, y se emplea en la casa de un anciano amargado en Jerusalén, Gershom Wald, a quien debe hacer compañía, alimentar y escuchar. En la vivienda reside también una mujer viuda, cuarentona, nuera del viejo, de nombre Atalia, hija de Abravanel, un líder del movimiento de formación del Estado de Israel, quien se opuso en el momento previo de los acuerdos, porque llegó a la conclusión de que el Estado judío dejaría a los musulmanes y cristianos en desventaja dentro del territorio que compartían. Por tal pensamiento es expulsado y acusado de traidor. En esa casa vivió hasta su muerte, compartiendo con el consuegro, padre de Mija, el joven matemático que se unió al levantamiento y cayó en manos del enemigo, fue torturado y asesinado.

El descubrimiento de quien es Atalia alimenta su interés en la figura de Judas, Yehuda Ben Simon Ish Cariot, banquero o sacerdote fariseo puesto entre los discípulos de Jesús para informar de sus actos. Al conocerlo quedó fascinado y lo siguió y fue quien más creyó en él. A medida que avanza la historia y la investigación, presenta a Judas como el creyente más fiel, desinteresado en vender por treinta monedas a quien todo el mundo conocía y se sabía en dónde encontrarlo, sino un devoto que lo impulsó a morir en la cruz para luego resucitar ante la vista de sus enemigos, en el milagro último. Lo imaginaba

bajándose de la cruz ante el asombro de los observadores. Pero Jesús no lo hizo, y Judas languideció, se siente culpable y se ahorca, sintiéndose maldito como la higuera a la que Jesús condenó por no tener fruto fuera de estación.

La novela es interesante, emotiva, diáfana y diferente, porque integra a la vida del protagonista el momento histórico, y discute el sentido de la política y los totalitarismos. Un escritor que inventa y plantea ideas, sin imponer posiciones sino sembrando la duda.

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